jueves, 24 de octubre de 2013

MEDITACIÓN EN LA CONSULTA MÉDICA




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Lo que sigue lo escribí en una consulta médica mientras esperaba turno y. después me ha dado pereza, tal digo más adelante, de pasarlo a World. Habrá que ver  la causa de  este cansancio. Perdonen que ceda de puño y letra notas de tal tenor historiológico.









Creo que fue Quintana el que escribió algo así (cito de memoria y ésta ya no da para tanto)  como:

Si oyes hablar mal
 de Inglaterra es alemán,
si de Alemania es francés
si de España, ¡es español!...

miércoles, 23 de octubre de 2013

124 AÑOS DEL PRIMER PARTIDO DE FÚTBOL EN ESPAÑA



A MIS AMIGOS DEL CLUB DEPORTIVO CÁRTAMA




NOTA: Tienen a su disposición el documento original por si lo desean para sus archivos sociales.

jueves, 17 de octubre de 2013

GENIAL ARTISTA Y GRAN ESPAÑOL SIN "AFANAEROS" DE POLÍTICO CUTRE AL USO...




Foto cedida por mi querido amigo, Juan Bedoya Vargas: G. Marín galán joven nada menos que de la Compañía de Enrique Borrás después de haber estado con la de la mejor actriz del mundo, María Guerrero, hasta que ésta se retiró de las tablas.






lunes, 14 de octubre de 2013

LOS TIEMPOS DE "LA PARRALA"


                                                                     
                
                        
                        Estampa de época  (De  mi libro, “ECOS DE LA ALHÓNDIGA”)


            En los años cuarenta del pasado siglo, a las hoy denominadas “empleadas del hogar”,  aún se les seguía llamando desde tiempo inmemorial, “criadas”,  sin que el apelativo entrañara   matiz alguno despectivo o peyorativo; el adjetivo aludía  sin más  a una relación de cercanía social.


            En la mayoría de los casos, el contrato laboral (verbal pero que “iba a misa”),  era de los llamados de “estancia completa”, o, “a tiempo fijo”, porque, aparte de una cantidad mensual convenida según usos y costumbres,  tenían derecho a comida y cama, cuando   la criada era soltera; las casadas, pocas veces iban   a  “servir” y, cuando les era inevitable se contrataban a tanto la hora  para poder simultanear las  labores por cuenta ajena  con las del propio hogar. 

            Las que servían a “tiempo fijo”, aparte de tener  asegurada buena comida y buena cama, cual dije  antes,    en unos  tiempos de extremas hambrunas y penurias, iban además  amasando unos parcos ahorrillos. Dentro de lo peor, era una  suerte. 

            A aquellos años de entre 1.941 y 1.945, la gente del pueblo de Cártama rompieron en llamarles los de la “churripampa” y los del “piojo verde”, aunque nunca se supo el sentido  de la primera designación,  ni era verosímil que nadie hubiera visto ninguno, por mucho que abundaran los "piejos", de color  verde. Y abundaban  sobremanera estos viscosos  parásitos  de los seres humanos, cuyo único "insecticida" era sacarlos uno a uno y matarlos entre las uñas de los dedos gordos de las manos, también uno a uno. Era así de de cruda la realidad.  Con mucha frecuencia se podía ver  en plena calle tomando el sol  invernal un cordón de mujeres de todas las edades sentadas una tras otra en largas filas expurgándose (despiojándose  y desliendrándose) mutuamente   Dura estampa aquella, como tantas otras,  de la miseria  abrumadora que aún continuaba en la  posguerra civil. Todo el  abastecimiento familiar estaba racionado, y se necesitaba cartilla  de abastos hasta para comprar un "librito" de papel de fumar, y no digamos tabaco. El enfrentamiento entre el "maquis", y la Guardia Civil y los moros (regulares) destinados en Cártama al efecto, era una constante (quien esto escribe fue rehén del "maquis" con 13 años). Todas las mujeres llevaban luto por tener uno o varios familiares  muertos por un bando u el otro;  las que no vestían de negro desde el pañuelo de la cabeza a las alpargatas, lo hacía con un hábito de la Virgen de los Remedios de color celeste que no se quitaba nunca, salvo de noche o para lavarlo. Era una dura promesa de rogativa o de gracias por algún favor recibido.


            Pues bien, en  casa del matrimonio  Frasquito y Paca, campesinos de clase media baja, tomaron una criada, al parecer de fuera del lugar, a tiempo fijo. Por su  desgarbado tipejo  y excéntrico comportamiento a  la hora de expresar en la calle el agradecimiento a  las tenderas que le despachaban los mandados en establecimientos  (frutas, almejas, fideos, azúcar, arenques etc),  se granjeó el cachondeo, más o menos explícito,   lo que no estaba totalmente falto de razones  puesto que, aunque simple y buenaza, de luces andaba la fémina solo regular.

            La casa de Frasquito y la almazara de aceitunas que explotaba,   constituían  un solo edificio dividido en dos piezas de distinta arquitectura,  que se comunicaban  entre sí por un patio en el que existía alguna troje, horno de pan, lavadero para la ropa junto al que se  encontraba una enorme orza para echarle ceniza al agua del pozo, un tanto salobre, a fin de suavizarla e  hiciera espuma  al enjabonar las coladas; un corral para gallinas y conejos, y, ya cerca de la entrada del dicho  molino de aceitunas, a la izquierda y cabe la bodega,  un cuarto llamado, “de los mazorcos”, que es el   tocón que queda de la mazorca de maíz tras ser desgranada, y que allí se apilaban para espabilar las  lentas llamas del  fuego de leña dura: en el horno,  en el brasero,  bajo las trébedes de cocinar, etc. 

            En uno de los dos turnos  de la época de molienda, había un mozo a quien, pese a estar en puertas del servicio militar, se le seguía llamando Paquito, y no Francisco, aunque su talla andaba  por los 190 centímetros y era más espigado y seco que un espárrago triguero.
           
            Paquito le tiró los tejos a la simplona criada y se la llevó al huerto: Cada noche ésta  salía de la casa sigilosamente  por la puerta del patio y se metía con el galán  en el cuarto de los mazorcos a pelar la pava, o como se llame.

            En una de esas ocasiones, a eso de la media noche bien pasada, la criada viendo que había llevado la excitación de Paquito a tórridos extremos, quiso proteger su virginidad  a toda costa, y,  viendo que ya no era nada  fácil,  cual es colegible, pidió auxilio;  con voz cuasi del Sinaí  la mocita le gritaba a su don Juan:

--Paquito, ¡ezo noooo, que zoy mossita y pieldo! ¡¡Nooooo!!¡¡Socogjo, me quiere quitar la honraaaa!

            El silencio de la noche sobredimensionaba       el volumen de los decibelios que emitía la garganta de la moza maritornes. Frasquito y Paca bajaron a toda priesa, los vecinos Gaspar y la Chacha entraron por la puerta del molino, cuyo empiedro, fue parado por el resto de molineros, los últimos parroquianos del contiguo  Bar de la Coina que jugaban al envite con la baraja acudieron al molino a ver la razón de tanto escándalo a tales horas.

             La “mossita” fue llevada a su habitación por Paca y, Frasquito, con el genio espabilado (¡menudo lo tenía!) buscaba por todos los rincones a Paquito, incluso miró con una linterna dentro de algunas de las enormes tinajas de la bodega de aceite aún vacías. Pero ni rastro del enamorado Curro, aunque alguien dijo que lo había guipado corriendo por el tejado de  "las latas"  saltar a la calle con los pantalones en la mano.

            Al otro día, el rumor sobre el suceso hervía entre el vecindario. Por aquel entonces desde todos los patios y gramolas de las tabernas  se oía la copla del momento  compuesta por Rafael de León y Sandro Valerio, “La Parrala”, que  dio base y pábulo al humor popular para motejar con tal apelativo a la simplona y enamorada zagala. De ahí en adelante fue “La Parrala” para el común del lugar.

            La copla la hizo célebre Conchita Piquer, y apuntaba así:

                                   “¿Quién me compra este misterio?
                                   Adivina, adivinanza;
                                   ¿por quien llora, por quien bebe,
                                   por quien sufre la Parrala?

            En realidad, La Parrala existió fuera de la copla; fue una cantaora de Mogué (Huelva),  de vida controvertida en la que Rafael de León y Valerio se inspiraron para su referida creación lírica.


                                               

martes, 8 de octubre de 2013

AMOR EN LA PARADA DE SEMENTALES

(De mi libro inédito, “Ecos de la Alhóndiga)

Es el “tío Bernardo” dueño de una pequeña labor con  cuatro fanegas de regadíos segregadas delCortijo de la Alhóndiga en plena ribera del Guadalhorce; finca antes llamada de Bracho, al quienBernardo la compró con pagos fraccionados en plazos.
Es lindera  con la agarena acequia del Barullo por el sur y, el resto en cuadro, con la finca matriz. La acequia toma  sus aguas en represa ad hoc en el cauce del río Guadalhorce, y riega dilatada vega  en un recorrido  de tres leguas.


En una  pequeña meseta  junto a la acequia, a salvo de las avenidas del voltario río, se alza la casa-vivienda: planta baja con  trojes para  granos, alacenas, trastero de aperos, amplia cocina con horno  de leña para cocer el pan casero amasado a puño, comedor y, paremos de contar. 

 Planta alta dedicada a dormitorios. La  entrada cara a  sol naciente y mirando al pueblo y a  la ermita de la Virgen de Los Remedios que parece levitar sobre aquel; ante la puerta un amplio porche empedrado,  rodeado de un poyo de obra y sombrado durante las canículas con una tupida parra de uvas negras gaspacheras. En definitiva, una típica y acogedora casa de pequeña labor ribereña.


En el patio interior (siempre todo a mano)  un gallinero con  nutrida parva de aves de corral (patos, gansos  y gallinas de toda raza, amén de conejeras); cada mañana  se les abre la trampilla de entrada y salida a las gallinas para que se alimenten, ahorrando así granos, picoteando en campo abierto.


Adosados al lateral Este, el “tinao” y la cuadra. Y, como a 10 metros, corraletas para ganado de cerda que aprovechan los desperdicios de huerta y domésticos, lo que supone  un complemento en las eternamente   raquíticas rentas   del campo.
Una vez por semana pasa por “Lo Bracho” (que así le sigue llamando la  gente del pueblo a la explotación del “tío Bernardo”) el recovero  en su bestia con serón de Recoba; es quien  suministra a la familia toda clase de ropas, tejidos y otros enseres, desde  agujas de costura e hilos a unas tijeras, hace el cobro  en especies: pollos, huevos, cereales, gallinas viejas que suele vender a buen precio para caldos a parturientas, etc. De tal manera, Elena tiene  un nutrido ropero y, la casa, a más de limpia como el jaspe, sin penuria ni falta alguna.


En la fecha de que  hablamos, Bernardo es ya viudo; su buena esposa había muerto del “dolor miserere” (apendicitis pasada), dejándole tres hijos, dos varones y una hembra, la menor, que, como hemos dicho, se llama Elena.


El buen padre, de rostro curtido y enjuto,  avellanado y triste siempre por la falta de su esposa,   fue enseñando a todos sus hijos, por las noches antes de la duerma y a la luz de un carburo, cuanto  él había aprendido en las escuelas nocturnas tras  dar de mano de sus faenas, como también, que no es poco,   lo aprendido en la dura brega con la vida y con la áspera tierra;  el ratio de analfabetismo nacional roza en estas datas  el 75% de la población.
Un día, en una de aquellas terribles glebas militares para luchar contra el moro en África, fueron obligatoriamente movilizados  ambos hijos varones; como tantos otros jamás regresaron. El pobre labriego se sumió en la más punzante e inextinguible tristeza; vivió por y para  su hija que iba creciendo y madurando plena de vitalidad.
Elena, ya núbil, es  una de las mozas  más agraciada y celebrada del entorno; también imprescindible ayuda de su ya viejo padre en las tareas labriegas, amén de mantener el hogar ordenado y limpio como un templo y preparar a diario la comida.

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Como el de  todos los años, aquel verano se alojó en las dependencias ganaderas del cercano Cortijo de la Alhóndiga, la parada de sementales  a la que  los labradores llevaban sus yeguas y burras para las cubriera el semental correspondiente con garantías de pedigrí.
El día que le tocó  el turno  a la yegua de su  labor, Bernardo se sentía indispuesto y encomendó a su hija que fuera ella quien la llevara  al macho. Este año quería que la cubriera el borrico garañón a fin de que, llegado el día, pariera un mulo con el que renovar,  en su tiempo,  la yunta de su labor.


El menestral de la parada era un fornido y bien parecido mozo,  poco mayor que la zagala.
Aunque avezada en toda clase de actividades agroganaderas propias de la comarca, el ayudar al  acto de cubrición de la yegua fue para ella una insólita experiencia; la vivencia le despertó instantáneamente emociones desconocidas;  suscitaron en Elena sensaciones de vida nunca sentidas. 

  
No le pasaban  desapercibidas las intensas  miradas  que a toda su anatomía dedicaba el guapo mozo. De pronto experimentó   las naturales apetencias de su condición de mujer en todos sus grados.


Por imperativa  orden interior corrió al tinado y por una escalera de vareo subió al  henil tumbándose en los muelles pajotes de pasto seco. Al verla el joven desnuda en toda su gloriosa anatomía de miríficas curvas  y   ahuecado el vientre y sus hermosas piernas haciendo uve,  quedó petrificado.

Quedamente, en un leve susurro, la diosa carnal le dijo:

            - Vente a mí, tómame...


Sus ojos eran sombras en canícula férvidos de deseos y apremio inaplazable; sintió que su seno era regado por hilos de nieve tibia.
Con voz ronca como la campiña del contorno dio un grito cual codorniz entre bledos y, saciada de infinito, musitó:


             - ¡Qué dulce...Ya soy tuya, amor...!

         - Y yo tuyo.... Mañana al trasponer el sol  nos vemos  en el atraque, bajo la mimbre de la acequia.


Cuando el sol teñía el cielo por poniente con candilazos de fuego, la  moza retornó al hogar con la yegua de reata cogida de las  bridas. Sentía que algo nuevo había nacido en su seno aquella tarde  luminosa. A los dos meses  dijo de sopetón a su padre:

- Padre, voy a tener un hijo.

- Del mozo de la parada ¿verdad hija...? ¿Y él qué dice...?

--Los paseos que doy todas las tardes las paso con él y quiere casarse conmigo...

- Gran Dios, gracias, la guerra me quitó dos hijos y Tú me los devuelve asina...Gracias, Dios, puedo morir tranquilo.

viernes, 4 de octubre de 2013

MI HOMENAJE A LAS MUJERES DESDE REVELLO DE TORO

















Como soy "de los de antes de la guerra", tengo por norma rendir de vez en cuando mi humilde homenaje a la mujer, sal y sentido de la vida. Toda mujer es guapa,  porque todas las mujeres son madres, incluso las que no han parido, porque el corazón de toda  mujer es una cuna en la que arrulla a un niño. Gracias por vuestras felicitaciones en este día de mi santo. Besos

HISTORIA: REINO DE ARAGÓN. CATALUÑA NUNCA FUE INDEPENDIENTE







SEGUIRÁN MÁS RESEÑAS GRÁFICAS SOBRE EL REINO DE ARAGÓN. LA PRETENDIDA INDEPENDENCIA HISTÓRICA DE CATALUÑA HA SIDO SIEMPRE UNA FALACIA.


jueves, 3 de octubre de 2013

A BOCAJARRO 4/10/013 (Asoc. Ermita Los Remedios)


         


                       CRONISTA OFICIAL “POLÍTICAMENTE CORRECTO”

            Cártama tuvo siempre cronistas independientes --alguno de ellos desestimó el canto de sirenas de varios alcaldes que le quisieron nombrar “cronista oficial de la villa” (el nombre lo dice todo)-- y se atuvo a lo que le dictaba su recta conciencia cívica antes que acornilar su independencia intelectual al pesebre político de turno.

            Sabemos que un alcalde  osó recurrir al director del Diario Sur, Francisco Sanz Cajigas entonces, para quejarse “gallardamente” de que su corresponsal en Cártama “la ha tomado conmigo, y le exijo a usted que lo cese como tal y como colaborador, yole propondré otro más ademado... ”.  El director del periódico le contestó: “Si usted me demuestra que las crónicas de mi corresponsal son falsas, está cesado de inmediato”

            El alcalde jamás demostró sus especies, pero el director sí llamó a su corresponsal y le pidió que moderase el tono de sus reseñas políticas, a lo que este  adujo: “Don Francisco, yo escribo como escribo, y, cuando lo hago, convierto  mi pluma en una máquina fotográfica, de tal manera que si lo que se pone delante de ella es un mono de Sumatra, no plasma al Arcángel San Gabriel, sino a un mono de Sumatra. Y no se, ni quiero, hacerlo de otra guisa”. Al Sr. Sanz Cajiga no le pareció inadecuada  la contestación de su corresponsal y díjole con sorna: Vete tranquilo y, “por favor, sigue escribiendo aunque un día tú, Baldrich (corresponsal del Campo de Gibraltar) y yo mismo vamos a ir a la cárcel, pero tengo entendido que allí dan de comer y ya nos llevarán tabaco...”

            Al hilo de lo dicho: La actual Corporación Municipal no ha mucho aprobó por unanimidad nombrar  Cronista Oficial de la Villa al vecino, autodidacta él, Fernando Bravo Conejo, quien toma posesión del cargo en un acto celebrado en el Teatro antes llamado, José González Marín, y rebautizado con el apelativo de “Carthima” alusivo a la Cartima romana y, por ende, monumental falta de ortografía cara al público. El flamante Cronista de la Villa, que hasta aquel momento había puesto de chupa de dómine al “analfabeto funcional” equipo de  gobierno que había quitado el nombre del célebre artista cartameño al Teratro, ahora se traga in situ el primer marrón y da la primera muestra de su dependencia  mercenaria, y así,   una vez detrás de otra hasta antier mismo.

            Sí, a partir de ahí el Cronista Oficial de marras ha venido dando incongruentes  e incoherentes muestras de su servilismo que se enumerarán en otro momento, siendo la última un comentario que ha hecho, sin venir a cuento, en Factbook con motivo de una fotografía (insertada en éste por un señor) de la  remodelación  del altar mayor de la Iglesia Parroquial de Cártama tras la guerra civil durante la que fue quemado el antiguo. El susodicho cronista oficial dice literalmente, y con desprecio absoluto a los sentimientos eclesiales de la mayoría del pueblo cartameño: “Con la Iglesia no valen sentimentalismo (manifestaciones espirituales). Ellos hacen y deshacen a su antojo sin contar con el pueblo”  lo cual es rotundamente falso.

            De semejantes  chafarrinadas demagógicas y políticamente  integristas se le tienen anotadas a este ilustre cronista un montón que ya se enumerarán, pues distorsionar la historia es un vicio de lesa patria que nos atañe a todos.

                                                                       AA.VV. ERMITA LOS REMEDIOS




           


            

martes, 1 de octubre de 2013

UN SINDICALISTA LIBERTARIO ADMIRADOR DE GONZÁLEZ MARÍN



          JUAN SANTANA CALERO



                                             (Refcia: "La prensa"



Para hacer la decripción de este jóven anarquista, se necesitaría ser un poeta , ya que su vida fue un poema, cuyo ritmo sólo la muerte pudo cortar.

Su niñez fue como la de todos los pobres a los que le falta el brazo protector del padre, cuando los primeros capullos de su existencia empiezan a abrirse entre los espinosos cardos de ésta sociedad, que teme la luz cómo las aves nocturnas. ¿ Su madre ?, mujer de rojizos ojos, como permanentes mariposas encendidas, en recuerdo del esposo desaparecido. Mujer sin perspectivas, esclava de una sombra.

Poco aprendió del padre que se evaporaba en su memoria entre las nubes del olvido; menos aun de la madre, que tapaba sus sentimientos con el manto de una moral que, como fiera mimada, afila sus garras para herir a los que pretenden elevar su velo de gasa fina y transparente, en la que se ciñe revelándolo su desfigurado y prostituido cuerpo.

Arrojado desde muy niño al circo del trabajo, sintió sobre sus frágiles espaldas los latigazos de esa casta, a la que la " civilización " cambió el nombre de " negrero " por el de  " patrón ", y de este primer contacto con la triste realidad de su vida entre los hombres, nace su espiritu de espartaquista y el deseo de ser un David agil e inteligente, predispuesto a enfrentarse a ese Goliat, que haciendo doblar las rodillas a la humanidad, la inclina en humillante reverencia, hasta hacer besar el suelo para que no vea el rojo crepúsculo de su libertad.

Un día Santana oye a Gonzalez Marín, aquel doctor en la  recitación, que supo amamantar  a los personajes nacidos en el inmaculado lecho imaginativo de los poetas. Hablando , suspirando, sufriendo con ellos como seres que buscaran refugio en su corazón y en sus labios, temerosos de que las manos despiadadas del tiempo los sepultara en la lóbrega tumba del olvido. Y aquel niño, alto de cuerpo y espiritu, vé en este arte del balsamo que puede dulcificar un poco el dolor de los oprimidos y se entrega a él con pasión. Se emborracha de poesía haciendo una selección de aquellas que abandonan las tortuosas espirales de un romanticismo engañoso para elegir la línea directa que fustigue a los poderosos.

¡ Sueña con ser el Gonzalez Marín de la Libertad !

Juan Santana Calero (libertario de la CNT, nacido en Málaga)  fue asesinado por el bando nacional en 1.939. Tenía 25 años repletos de orfandad e  ideales.

  Cuando González Marín, que le conocía sin nunca haberlo visto,  lo supo estando fuera de Málaga,   lloró amargamente y maldijo la guerra; toda guerra  siempre sucia de crímenes y  ara de pasiones en la que son  inmolados los mejores de uno y otro bando. ¡Oh España: Nunca  aprenderemos...!

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No se andaba con cortapisas González Marín para recitar poemas comprometidos de autores comprometidos, como este de Alberti denunciando la política norteamericana en Cuba que el rapsoda recitaba en la propia Cuba de batista:

CASI SON

Negro, da la mano al blanco.
Blanco, da la mano al negro.
Mano a mano,
que Cuba no es del cubano,
que es del norteamericano.
¿Ves, ves, ves?
El negro va a cuatro pies,
el negro baila la rumba,
y aunque se vuelva tarumba
del derecho o del revés,
¿ves?,
el negro va a cuatro pies.
Mano a mano,
que Cuba no es del cubano.
Digo, dice, dice, digo...
digo que el cañaveral
sabe muy bien que el Central
muele con viento enemigo.
Te lo dice un negro amigo.
Blanco, ¿tú no ves
que el blanco va a cuatro pies?
¡Tú tan listo, y no lo ves!
Los yanquis vienen volando,
urracas azucareras,
urracas que urraqueando
hasta nos están llevando
el aire de las palmeras.
Negro, da la mano al blanco,
dala ya,
dásela ya.
Blanco, da la mano al negro,
dala ya,
dásela ya.
Y el yanki que viene y va,
negro, dale ya,
blanco, dale ya,
negro y blanco, dadle ya.
Mano a mano,
contra el norteamericano.
Negro, mano a mano,
blanco, mano a mano,
negro y blanco, mano a mano,
mano a mano,
mano a mano.






CARTA EN SU DÍA, 20-4-1979, AL ALCALDE ESCALONA


Manuel Tellez Laguna, ya desaparecido, historiador (Historia del Borges, Biografía de Paco Palma, etc), escritor  y columnista, como otros eruditos de Málaga se hizo eco de la iniciativa en ciernes de quitar el nombre de González Marín a la calle que lo lleva en Cártama desde la II República, como después se ha hecho con el Teatro que lo llevaba y con el Campo de Fútbol que sin él no hubiese sido posible en aquellas fechas. 

Carecía aquel despropósito político de  razón,  de  lógica  y de  justicia alguna salvo, que el odio denso y sin fundamento sea causa suficiente para la tropelía.

En virtud de ello, y como bien nacido, Téllez  Laguna escribió la carta que sigue al Alcalde que entonces regía los destinos de Cártama, José Escalona Idañez, que supo hacer entrar en razones a su socialista? concejal. Me atengo a lo concreto de los hechos sin entrar en análisis y consideraciones de personas (respeto a la persona humana que separo del carguillo que ostente ) pero, espero no me tiren de la lengua.


NOTA: Contestando a alguien  que ha opinado sobre mi trabajo histórico sobre el genial artista cartameño, DIGO: Quienes, naturales de Cártama o  cartameños por residencia en ella, se han manifestado a favor de la memoria de González Marín y en desagravio de tanta mentira baldonándola  injustamente, no es a mí a quien halagan, obviamente yerran quienes tal me han dicho y yo rechazado, sino a la equidad y, a ellos mismos como componentes de un pueblo que, como mínimo, debe velar por el inapreciable tesoro histórico que acumula a lo largo de milenios, y del que forman parte  cimera, entre otras figuras eximias, el Exmo, Sr. José González Marín.

Un pueblo sin historia, como algunos pretenden  (a saber con que designios, posiblemente clínicos)  es hijo de padres desconocidos.

González Marín, insisto, no necesita de Cártama, ya murió. Es Cártama la que necesita de él y de todas sus figuras relevantes. Otros pueblos que no las tienen han tenido que importarlas.  Así nos va.