domingo, 19 de febrero de 2017

ESCUDO MEDIEVAL DE ESPAÑA

A FALTA DE UN MAYOR COMENTARIO: Cuando España ya era una; véase el escudo inferior izquierda.




sábado, 18 de febrero de 2017

EL FORO ROMANO DE CARTIMA


Un aspecto parecido, con las estatuas y sus columnas, tendría el Foro de la Cartima romana que aparece en las excavaciones que se llevan  a cabo actualmente, cuyas estatuas están dispersas por la geografía de España, algunas de ellas en el nuevo museo de la Aduana y cuatro en el Palacio de Carlos V en Granada (F. Carter) y, otras, aún enterradas.

El Foro solía estar en la zona principal y central de la villa, o sea, en la plaza de cada una. En el se encontraban todas las instituciones y administraciones públicas y era también el lugar en donde tenía lugar el comercio, la religión, etc.




viernes, 17 de febrero de 2017

LA PRIMERA BIOGRAFÍA DEL FARAÓN DE LOS DECIRES



En la foto de abajo, los autores (Pedro Dueñas, José Luís Jiménez y Fco. Baquero),  y colaboradores de la primera biografía de José González Marín titulada, "EL FARAÓN DE LOS DECIRES", con prólogo de Manuel Alcántara y portada de Bornoy, editado  (agotado) por la Diputación  Provincial de Málaga, el día que subieron a la Ermita a ofrecer sus respectivos trabajos a la patrona de Cártama, Nuestra Señora la  Virgen de los Remedios.



jueves, 16 de febrero de 2017

NO HACEN FALTA PALABRAS: Con la Virgen en América







El hombre que más hizo por Cártama y sus gentes, sus tradiciones y su historia. Bueno es recordarlo ahora que se acerca el día de la Virgen de los Remedios que gracias a él podemos pasearla el 22 y 23 de abril. Sin más comentarios.




viernes, 10 de febrero de 2017

POBREZA EXTREMA EN CÁRTAMA ¿VOLVEREMOS A VER ESTO...?

Viuda gitana con siete niños

jueves, 9 de febrero de 2017

COMPADRES, ¡QUE “AIGA ARREGLO”! (Parábola para políticos)

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                                                                                                                Nubes lejanas cargadas de relentes,

                                                                                                            Alientos de las húmedas besanas,

                                                                                                             Olor sabroso del terrón mojado,

                                                                                                             Olor a gloria de la tierra en calma...
                               

            Cuando con tristeza infinita veo el tejemaneje de esta blabanera y pantagruélica   plaga política que se ceba  en nuestra España --España una desde hace cinco siglos, hoy patria herida--, a mi cansada, pero aún vívida memoria, acude la siguiente vivencia que puede ser, si bien se coteja,  oportuna   metáfora política de estos tiempos

                                                            ***

            El cielo encapotado con   negros nubarrones que ya habían dejado caer algunas brusquillas sobre los resecos barbechos, daba fe de la entrada del otoño.  Mi padre  -- su frente ancha:  mi nido  de consejos--, y yo,  tras haberlos sacado uno a uno del cantero y lavados a mano metidos en el agua de la “pasada” ganadera  en la acequia  del Barullo, cabe la pesebrera estival  del ganado,   sajábamos nabos  con nuestras navajas “payá” cuyas rebanadas, entrelargas de hojas a rabizas,   iban cayendo en una espuerta de esparto en  la que el boyero las distribuiría en las pasturas vespertinas y de alba, en sus propios pesebres al ganado vacuno  que, en esos momentos  rumiaba rítmicamente  haciendo sonar sus esquilas y cencerros. El lento sonar de las cercanas campanas parroquiales se antojaba también  más lánguido y amarillo. Una vaga melancolía suplantaba  la emotiva exultación  veraniega de  esquilmos y trillas de mieses en las eras.

            De pronto, sonaron dos tiros de escopeta  por las hazas cercanas a los tapiales del cortijo de Alhóndiga, que me hicieron  reprocharle a mi padre:

            --Esos han sido los dos “cazaores” que hemos visto bajar del pueblo a los regadíos, y han cazado  la liebre que salta  cada vez que voy yo a abrir, para regar, la torna de “las  mimbres”.  Por no haberme dejado tú  ir a “tirarla”  me la han birlado...

            --Hijo, fueraparte de que todavía quedan  muchas faenas que hacer,  me da miedo..., la escopeta es más alta que tú. Cuando vengas del colegio con  vacaciones de Navidad, si traes buenas notas, te prometo que yo mismo iré contigo con la otra escopeta y la podenca, a cazar todos los días que quieras... Y, cuántas veces fuimos juntos a recechos y a la mano a cazar liebres, conejos, zorzales en los habares, agachadiza y polluelas que se levantaban de los cristalinos arroyos en invierno... 

                                              Hoy busco la hora que no encuentro
                                              en el  recuerdo de mi niñez lejana,
                                              perdida más allá del infinito
                                              en el rojo remanso del recuerdo
                                             con multitud  de sueños entreverados...

            --Bueno hijo, ya tiene el boyero preparadas las pasturas de tarde y alboreá; vámonos pa la casa que pronto volverá  a llover si descargan  aquellas nubes que cubren el cielo por Bonela.

            Era ya  la hora de casi entre dos luces,

                                              ...con un silencio de luces
                                               que los grillos ametrallan,
                                               y en la orilla de la acequia
                                               hierven ronquidos de ranas

            Los cazadores, que desde el sombrajo de la pesebrera habíamos visto regresar con la liebre empatillada a la cintura de uno de ellos, estaban sentado al resguardo del relente  en el balate del haza de Frasquito, el de “la codorniz”, y, por encima de sus cabezas, habían echado la liebre y  escopetas; junto a ellas, sesteaban los perros podencos.

            Desde Cártama, por el  camino que embocaría a la realenga,  bajada un arriero con dos sacos  de cebo, molido en el serraleón del pueblo, encostalados sobre el hato de un mulo de carga; aún no se había montado en la bestia que traía de  reata mientras, petaca en mano,  echaba tabaco para liar un cigarrillo.

            La sonora jerga de los cazadores, sobredimensionada por el sereno silencio de la atardecida autumnal,  era de este tenor:

            --¡Que no, compadre... que hay que decirle a Josefita la de la “bodega” que guise la liebre al ajillo; así está ma tierna

            --Pero, compadre, somo muchos los que nos vamos a reunir y en pipitoria da para trasegar mas vino, al ajillo no cabemo a ná...

            De pronto,  mirándome con una burlona sonrisa  me dijo el padre bueno: “Muerde lo que está pasando por encima de la cabeza de los  escopeteros...” Dos fieros mastines de la cercana casilla de Pepito “El bicho”, habían hecho huir a los podencos y   sólo les quedaba por englutir  de la liebre las orejas y las peludas patas. Mentiría si no dijera que me alegré del hecho: aquellos cabrones que me habían birlado la liebre, estaban pagando bien su, para mí, felonía cinegética.

            El arriero con su mulo llegó a la altura de los cazadores antes que mi padre y yo, lo que no fue óbice para que oyéramos claramente su consejo a los blablaneros  liebreros: “Compadres,  quear con Dios y…, que  haiga arreglo, hombres,  que haiga arreglo, ya... lo mesmo  da   en pipitoria que al ajillo ...”

            Díganme quienes tengan luces para discernir la realidad de verdad, si nuestra blablanera casta política no se han comido España, unos en pepitoria y otros al ajillo como vulgares pantagrueles y gargantúas, ante la estúpida indiferencia del respetable.

            Mi padre y yo llegamos a  casa:
 
                                          ¡Aroma de guiso recién cocido...!
                                          humean las viandas...¡mesa puesta...!
                                          La madre, corazón de nido...

miércoles, 8 de febrero de 2017

LA PLAZA EN 1.97


SAINETE SOBRE QUIENES NOS COBRAN EL IMPUESTO DE SUCESIONES...



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Tengo un borrico canelo
más sabio que un profesó,
con orejas de ministro y ojos de gobernaó
Rebusna como si fuera diputao ministerial
y se come hasta el pesebre
como cualquier consejal,
sean del PP o PSOE
que allegados son iguales
Marcelino como Juan,
a mí que me van ustedes contar,
ya tó está  visto y comprobao.
Yo quisiera que a mi burro
lo sacaran diputao,
porque otros siendo más burros
a ese puesto ya han llegao.
Pero temo que de serlo
vaya a quedarme sin él,
porque como allí habrá tantos
no lo voy a conocer,
y esto, hoy  como ayer se sabe
sin que nunca pase ná.
Lo que se dice: políticos ladrones
en España hay para dar y regalar es decir,
acá tenemos una pechá
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NUESTRA PATRONA, LA VIRTGEN DE LOS REMEDIOS, EN CARACAS. AÑO 1.937

Despedida de Caracas (Venezuela), con destino países del Istmo, de la Patrona de Cártama en brazos del genial actor y rapsoda cartameño, José González Marín, que la salvara de la quema que intentaron los del Frente Popular.

En la foto aparece un grupo de devotos de la ciudad hermana de Caracas  en el Convento de Santa Rosa de Lima con la presencia del Príncipe de Asturias, don Alfonso de Borbón, entonces residente en Caracas.

 (Este testimonio gráfico de excepción será mas ampliamente comentado en otro momento ya que el hito tienen mucho "arroz que menear", que diría mi abuela).

lunes, 6 de febrero de 2017

AMIGOS DE GONZÁLEZ MARÍN DE CARACAS EN 1.937 CUANDO LAVIRGEN DE LOS REMEDIOS ERA PEREGRINA HUYENDO DE SU QUEMA

Doña Eva y D. Eduardo Tamayo, ilustre matrimonio de Caracas a cuya casa (Villa Cártama) les llevó José González Marín la preciosa imagen de la Virgen de los Remedios, nuestra Patrona, y, después  estuvo depositada  en la Iglesia de la Virgen de Coromoto, Patrona de Caracas en donde la exponían  al público  que supo de la odisea de la Virgen Peregrina española por por las presentaciones que el rapsoda hacía de Ella desde el escenario. Bella historia que da prez y  honor a Cártama.  (Cito de memoria lo que G. Marín y su ayudante escénico, Antoñico, me contaron)