viernes, 9 de abril de 2021

 

                                      ENRIQUE LÓPEZ ALARCÓN

                              DRAMATURGO E INMENSO POETA BOHEMIO DE CÁRTAMA  

        Mientras,  con la mentira groseramente rentabilizada algunos echan pañetas  de ricias  a la historia de nuestro  pueblo y baldonan  de forma sinuosa la memoria de antepasados que le dieron lustre y fama, yo, con la verdad monda y lironda, quiero seguir ensalzándoles, enamorado de todo lo que compone la historia e intrahistoria del pueblo en el que nací y me dio lo mejor de mi vida. Uno de sus  grandes personajes, del que hago sucinta semblanza a continuación, fue el gran poeta cartameño, Enrique López Alarcón.                                                                                                                                                                                                 

   1881-1948

España desde Cártama

"Mas no podemos ofrecerte flores,

que en abril, esplendente primavera,

se fueron a formar los tres colores

que esmaltan el cendal de la bandera;

pero... aún le queda al vate la jornada

del poema de España libertada."

                               Enrique López Alarcón.

                     El poeta, dramaturgo, empresario teatral (Director del Teatro Español de Madrid) y periodista, Enrique López  Alarcón, cartameño  virtualmente nacido en  Málaga (nieto de José Alarcón Luján), avalora  con su obra y actividad artística su  pueblo de nacencia, Cártama, siendo por ello, y en  justicia de patria  chica, susceptible  de ser recuperada su memoria y biografía (ya iniciada), en beneficio de nuestro patrimonio histórico- cultural. Cártama tiene la inmensa fortuna de contar  entre tantos otros personajes egregios de incidencia nacional,  con este hijo  de hondo  calado en la literatura y el periodismo español e internacional de su época.

            Al  terminar  la aciaga guerra civil de 1.936-39, se exilió en Panamá, Santo Domingo y Cuba, país  en donde murió con nostalgias de terruño.            .

            Fue un representante del teatro poético iniciado en España a principios del siglo XX por Francisco Villaespesa y Eduardo Marquina, continuado, entre otros, por  Goy de Silva, Luis Fernández Ardavín, Joaquín Dicenta, Joaquín Montaner, Ramón de Godoy Sala, Antonio y Manuel Machado, Fernando López Martín, Pedro Muñoz Seca y Miguel Echegaray. En su exilio, como otros intelectuales en  la misma tesitura,  tuvo que dedicarse  al periodismo.

            Cuando Villaespesa volvió de América a España,  enfermo y abatido, López Alarcón le organizó un homenaje en el Teatro Español de Madrid (que dirigía) el día 25 de enero de 1932, al que asistió el presidente de la República, Aniceto Alcalá Zamora; intervinieron  Manuel Machado, Eduardo Marquina, Fernández Ardavín, y  el rapsoda cartameño, José González Marín, su paisano y amigo desde la niñez,  recitó  poemas en honor del común amigo y gran poeta almeriense homenajeado.

            Enrique López Alarcón nació  el 22 de junio de 1881;  falleció, en La Habana, en 1964 (si la memoria no me traiciona). Cursó sus estudios primarios en Málaga con los jesuitas, desde donde pasó a la Universidad de Granada para estudiar Filosofía y Letras. Con veintidós años se marcha a Madrid, en donde ejerció de redactor de numerosas publicaciones: La Época, La Tribuna, El Nuevo Evangelio, El Mundo, El Intransigente y La Mañana. Fue fundador de La Gacetilla y del periódico literario Gil Blas y, como quedó dicho, director del Teatro Español de Madrid.

             Durante la guerra civil, en coherencia con su espíritu libérrimo   y bohemio,  frecuentó los círculos anarquistas, colaborando en sus periódicos. En su exilio, tras breves estancias en Panamá y Santo Domingo, recaló en la Habana en 1940, donde murió dejando una hija mestiza. En los años dominicanos, publicó una colección de sonetos dedicados al dictador de este país, titulada Sonetos a Trujillo.. Ya en La Habana, publicó Soy español (para su amigo y paisano, González Marín),  Madrigales y sonetos (1940) y, el poemario Martí (1942); también fue director de algunas puestas en escena del grupo Teatralia.

            En 1,937, en Santo Domingo tuvo ocasión López Alarcón de verse a diario con su paisano, Pepe González Marín quien, con la Virgen de los Remedios, patrona del pueblo de ambos en España,  había tocado en aquella república caribeña en su célebre  periplo poético mariano.  El gobierno del General Trujillo no le dio permitió entonces por obvias sospechas políticas  (después tras la publicación de Sonetos a Trujillo, sí), para acudir a la Habana  el 23 de abril de 1.937 a participar, como otros muchos artistas e intelectuales, en  la singular celebración del día de la Patrona de Cártama, peregrina por aquellas repúblicas iberoamericanas,  que   hubo de celebrarse en Cuba.

             Entre los títulos de mayor relieve de su numerosa obra dramática se cuentan: Golondrinas(1905), Con mujer y sin mujer (1905), La sal de Madrid (1926), Voy a ser cocota (1926), una comedia casi picaresca, de la que el crítico de ABC escribió: "… y si a ello se añade un diálogo pulcro y elegante como corresponde a los prestigios de López Alarcón, fácilmente se comprenderá el agrado con que fue escuchada la obra", Vivir (1929), La Dictadura (1930), Romance caballeresco: Comedia melodramática a la española, escrita en verso en tres actos y un epílogo (1933) y, Los majos del Perchel (1935), comedia lírica estrenada en el Teatro Calderón de Madrid. En colaboración con otros dramaturgos escribió un buen número de obras: con José Ignacio Alberti, Sebastián el bufanda, o, El robo de la calle Fortuny (película policíaca en cuatro actos y en prosa  estrenada en el teatro Romea de Madrid, en 1916), y, El collar de esmeraldas (1918); con Cristóbal de Castro Gutiérrez, Gerineldo. Poema en cuatro jornadas (1909), Los insaciables (1909), comedia picaresca en prosa, en cuatro actos, Las manos largas (1926) y La mano de la reacción,  zarzuela; con Ramón de Godoy y Sala, La Tizona (1917), drama romántico, y La madre Quimera, farsa romántica en cuatro jornadas (1918); con Alfredo Escosura, La Maragata (1931), zarzuela, y con Fernando Alarcón (otro escritor oriundo de Cártama), Paleta,  humorada lírica en tres actos y veinte cuadros que se estrenó en el Teatro Eslava de Madrid el 9 de junio de 1933. Entre las traducciones y versiones escénicas señalamos: en colaboración con otros autores, Fígaro, barbero de Sevilla y El casamiento de Fígaro  de Pierre Agustín Caron de Beaumarchais; Fortunata y Jacinta, versión escénica de la novela de Galdós, Fuenteovejuna, versión de Lope de Vega, y, Piénsalo bien,  traducción de Pirandello. Como poeta su obra fundamental es Constelaciones (1906). Entre sus novelas citamos: La cruz del cariño (1909) y Melilla 1909, crónica de un testigo, diario de la guerra escrito durante las operaciones en el Rif (1911), en que recoge su experiencia como corresponsal de guerra de El Mundo, en la Campaña de África de 1909.

            Este poeta cartameño (aunque nacido, repito,  circunstancialmente en Málaga) muerto en el, seguramente, voluntario exilio (se había casado en la Habana) nos dejó estos versos a la Cuba de Baptista: "Si Cuba libre nos da su leyenda, / clava el pendón y levanta tu tienda. / ¿Dónde encontrar, como hallamos aquí, / yunque y martillo, tambor y trofeo? / ¿Dónde el machete de Antonio Maceo? / ¿Dónde la estrofa y la fe de Martí?" (Resumen de la semblanza, en ciernes, titulada, “Vida y nuerte en el exilio de un poeta cartameño” (D.M) 

 

VERANO

(EN RECUERDO   DE  ALEJO   GARCÍA)

            ¡Qué ufanía del verano...!: Febril despliegue  de faenas en los campos  de las riberas fahaleñas  y guadalhorzanas, moteadas otrora de cortijadas labrantías rebosantes de vida y trasiegos faeneros! De los desvanes y trasteros cortijeros se han sacado las herramientas guardadas  durante la invernada: vielgos, horquillas, rastrillos,  escobas de tarascas y sierpes para  el barrido de los tamos en las eras, cribas y harneros, palas de venteo de los granos despajados, el rulo y los aperos de las colleras y recuas que trillarán las parvas; esquilas y campanillas...

             A las  yunteras carretas que efectúan  la barcina   de mieses desde los rastrojos a las eras, y  el acarreo de remolachas a las estaciones de Cártama y  Aljáima, se le untan los ejes, se le remiendan latigaduras y  verifican y  ajustan las varas laterales y los limones delanteros.

             ¡Un rebullir de vida plena,  con olores de esquilmos y paseros, de rabizas y entresacos de maíces en regadíos! ¡Es el verano!: la estación en que se ponen las eras de trilla, se barcinan las mieses de  espigas segadas y engavilladas y se trillan  entre  cantes temporeros por doquier.

            Llegaron los pipiónes abejorrucos que anidan  en los boquetes escarbados en los balates del río. Y, la golondrina, volvió a colgar su nido de barro en el alero familiar y en las vigas de los “tinaos” invernales..

            Desde los alcores del molino llega al llano, dándole majestad al silencio, el eco   del cante abandolado  de caminos  del carretero al son de los esquilones de sus bueyes, copla que se hace memento sereno en las noches de luna, mientras los braceros  espantan el cansancio del duro trajín diurno  de sol a sol chirivitero, soñando sueños imposibles en   su  duerma sobre  las parvas.

            El rebuzno de un garañón en celo espanta a su paso por el realengo a la abubilla que rebusca con su corvo pico y cabeza con  peineta de leves plumas, las semillas desprendidas de los carros y angarillas  de las barcinas.

            Es la  estación plenaria en la que se llevan a cabo  la recolección de cosechas y los esquilmos  de higos, almendras y chumbos en los cerros de la sierra de las “Viñas”, en donde las familias esquilmeras pasan el verano con paredes de adobe y techo de juncos y palmas;  esos chumbos que al alba vendía  el chavea en su borrico baja en cestos encostalados y pregona su oferta mañanera: “¡¡Andén  a los frescos..., chumbos frescos,  gordos y reondos...!!”                                              

             Por sempiternos caminos  de herraduras y realengas, con bordes de granados en flor, bullen los carros y carretas cargados con productos de las huertas, que al amanecer han de estar para su venta en el mercado de mayorista de la capital.

            Es (¡era!) el verano guadalhorceño. Y, junto a su añoranza, quiero hoy dedicar un encariñado  homenaje en la memoria,  a un gran hombre que no perdía ocasión, sobre todo en verano cuando hacía  rengue estival en latines: Alejo García, abandonado ya el Seminario, periodista de  casta (dio la primicia radiofónica de la legalización del Partido Comunista durante la transición) que nacido en Alhaurín el Grande, e hijo predilecto de esta Villa, debió serlo adoptivo  de Cártama, pero... ni una calle (en Alhaurín una Barriada; lo de siempre...

              Quería a esta tierra y  durante su niñez y juventud pasaba más tiempo aquí  con sus abuelos, tíos y primos,  que en Alhaurín el Grande. Como una muestra por cientos de ello, al final se inserta un reportaje fotográfico que sugiere la vida horaciana,  “la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido”,  que antaño se vivía en los campos de estas tierras           que riegan los ríos, Grande, Guadalhorce y Fahala y que tanto le gustaba disfrutar a Jesús Alejo García Ortega.

                        Alejo Jesús García Ortega (“Alejo García”)  periodista famoso: Tiene Alhaurín el Grande una virtud noble y diferenciadora: Que sabe honrar a sus hijos ilustres, lo cual,  honra también al pueblo y a sus gobernantes. Como debe ser en gentes bien nacidas.

            Hace muchos años entré a comprarme un purillo, en un Estanco de Calle Monte de Oca en Málaga, que resultó ser de la madre de Alejo García. Allí me llevé la alegría de encontrarme con él, y cuando supo que yo buscaba un libro especial (“Memorias de un reclamo” escrito por un laurino, Juan Vazquez del Río y desarrollado todo su argumento en “el lugar”: un reclamo de perdiz que cuenta las cosas que ve en su pueblo),  Alejo me dijo: “No lo busques en Málaga, está agotado, yo te lo mando desde Madrid...” y, así lo hizo: a los cinco días estaba yo leyendo el libro.

jueves, 8 de abril de 2021

 

           EL NIÑO Y EL PATALETE

          La ventana de mi  cuarto daba a un rosal que siempre estaba cargado de blancas y coquetas rositas de pitiminí que había plantado mi madre buena, con amplias vistas al campo plantío, en el entrañable y ancestral cortijo La Alhóndiga, enclavado en plena ribera guadalhorceña. Toda la vivienda carecía de techo raso, por lo que el viento silbaba por entre las rendijas del viejo y altísimo maderaje visto, sobre el que se asentaban las tejas que guarecían de la lluvia. Desde aquel tosco hogar de mi infancia, yo, niño nacido en tal cortijada agioganadera, escuchaba -en los silenciosos atardeceres y en las noches en calma- el rumor del río y la algarabía de toda la fauna diurna y nocturna del frondoso soto del Guadalhorce.         

 

          En aquel entonces, el centro de mi  vida intelectual y emocional estaba circunscrito al tibio hogar paterno que ocupaba una pequeña parte del caserío cortijero y sus contornos construidos, formando un espacioso cuadrado -con enorme patio enchinado, en medio- donde estaban todas las dependencias e instalaciones agrícolas que eran el centro de una explotación de 200 fanegas de tierra, entre regadíos y secanos.

 

          A medida que iba creciendo, ese limitado mundo vivencial iba abarcando mayor extensión. Paulatinamente se iba ampliando a parte de la vega,  la pesebrera y gañanía de verano en los exteriores del caserío,  la doble era para las faenas de trilla y esquilmo de maíz cuyas mazorcas se extendían en los empedrados para su secado y, sobre todo, el río. Ese río de umbrosos sotos, distante no más de 150 metros de la casa, hasta donde llegaban los ecos de la naturaleza que habitaba su entorno.

 

          En los atardeceres estivales el ruiseñor, desde  el árbol gasolino cercano al cortijo, gorjeaban al viento con su lánguido canto; y el pájaro trompeta que continuaba sus ayes canoros hasta muy alta la noche, arrullaba mi sueño de niño, que volaba con las historias épicas que le contaba su abuelo Talento sobre el puente del río y de cuando él era barquero en el Vado de Venta Romero.

 

          A finales de marzo, el campo renacía del invernal letargo con verdegueos de sementeras y, de lontananza llegaba a la casa-cortijo un amortiguado rumor de mugir de bueyes encelados, mientras pastaban en los manchones. El aire traía ecos preñados de engoradas de tórtolas en sus nidadas, y una jerga alborozada de pipiares de pataletes, recién salidos del cascarón, alegraban las copas de los árboles ribereños en que se hallaban.

 

          Una vez cogí un fuerte resfriado y mi madre me tuvo retenido en la cama unos días para curármelo a base de cataplasmas de afrecho y aceite caliente, envuelto en papel de estraza, amén de ventosas que tanto odiaba. Durante la convalecencia,  tenía ante mis ojos el verdor del ramaje y la blancura de las flores de aquel rosal que, no obstante, me dejaba ver los árboles del cercano huerto de limeros, perales sanjuaneros, ciruelos de frutos negros y dorados, ajofainas, naranjos, mandarinos y limoneros. En un ciruelo cercano, una pareja de pajarillos  “verdones” iban alimentando pico a pico a sus pataletes, ya casi volantones, totalmente emplumados y a punto para  dejar el  nido.

 

          Una mañana, me percaté de que uno de los pataletes, que siempre estaba mirando al rosal de la ventana -seguramente midiendo la distancia- dio un titubeante volantón y cayó, más que posarse, en el verde y tupido ramaje del rosal  pitiminí. Mi alma inocente de niño, brincó de alegría al ver a la avecilla, apenas emplumada, tan de cerca. De pronto, atraída por el pipiar del hijo, la pájara madre acudió con una hormiga en su pico que depositó en el desmesuradamente abierto pico del pajarillo, aún con boqueras amarillas. Este hecho se repetía a lo largo del día, en espacios perfectamente sincronizados y alternativos con las visitas, al mismo fin, a los otros pataletes que aún seguían en el nido del frutal de enfrente de la ventana.

 

          La penúltima mañana de mi estancia en cama, sentí una punzante melancolía al observar un hecho que me supuso toda una lección existencial que nunca olvidaré. Aquella mañana, la pajarilla  de pechuga verde, ya no traía al volantón su diaria ración de insectos, sino que piándole en lo que parecía un lenguaje misterioso y agitando trémulamente sus alas en amago de vuelo, indujo a su hijo a arrancarse a volar tras ella. El ramillete emplumado, zigzagueando torpemente en el aire, siguió a su madre hasta que ésta, al poco trecho, viró rauda en otra dirección, dejando al hijo asumir su destino de pájaro libre. Había elegido para ello una mañana esplendente.

 

          Lo último que pude ver es cómo el pajarillo se posaba en uno de los granados del quijero de la acequia de regantes. Ya no pipiaba llamando a su madre; simplemente observaba asombrado el panorama de la vida que iba descubriendo en toda su misteriosa magnitud. A la primavera siguiente el nido volvió a ser ocupado por otra pareja de verdones, siempre alertas, con sus ojillos de pimientas,  abiertos, por si se acercaba la primilla o el halcón rapaz. Allí estaba simbolizado todo el mosaico de la noria de la vida.

 

APUESTO DECIDIDAMENTE POR LA DEMOCRACIA EN LIBERTAD

Detesto  la hipocresía de esta izquierda liberticida comunista acérrima  que de facto manda en España actualmente y, ya veremos a donde nos termina llevando si alguien con dos cojones no les para sus instintos guerracivilista, o sea, émulos fanatizados, de los Prieto y Largo Caballero de la nefasta y nefanda II República. Criminales, aquellos, amén de ladrones del Tesoro del Estado  español.

Viene a pelo este alegato ---atenido, cómo no, al art. 20 y, por supuesto, al punto 5 del mismo precepto y  Ley Magna--- en el hecho inadmisible en un Estado de Derecho y  orden (el nuestro por culpa de  la susodicha extrema izquierda está ya superladeado en todos sus soportes), en el nuevamente obsceno y criminal atentado que en su libertad ha sufrido en Vallecas por designios del consabido “Moña” sin descartar por omisión capitalizada a Marlasca, en sus carnes  el democrático y constitucional  partido, VOX.

Si alguna supuesta zurrapa de vergüenza torera, dignidad, y cojones cívicos les quedaba,  con este nuevo ataque a la democracia en los derechos de VOX, se les ha ido a los tales comunistas  por los suelos: Son viles tahúres de condición  y escorpiones abigeos de la convivencia.  

 Y no insulto yo, ¡no!,  con lo dicho, Srs. de grupos que “os la sacáis un papel de fumar” , insultan ellos a todo español honrado y amante de su propia dignidad,  con los procederes que acostumbran tal inmundicia política.

VOX no demuestra ser “extrema” en  nada, ellos sí, y muy peligrosos para la paz social. VOX, partido al que no pertenezco, tiene derecho a dar mítines electorales en donde lo estimen  congruente en campaña electoral. Ahora sí me sale de mi alma compungida por lo que pasa en España un: ¡¡¡¡VIVA VOX!!!!, nuestro partido nacional y constitucional como PSOE, PP,  Cs, y, todos los que tengan vergüenza. ¿Qué herencia debido a   vuestra hiel culpable,  le vamos a dejar a nuestros hijos y nietos, ¡¡sooo hideputas!!! Viví, y sufrí, al frente popular y, en la retaguardia de la guerra civil; cabrones, y ni podéis  figuraros lo que fue aquello, para que nuevamente juguéis a lo mismo.. HE  DICHO.

miércoles, 7 de abril de 2021

              OTRO AÑO SIN SEMANA SANTA EN CÁRTAMA,                              

Esta es la segunda parte de  una crónica  mía  publicada hace un tiempo  para un medio de fuera los lindes de esta villa. Me fue   solicitada  por un grupo de jóvenes que no alcanzan a vislumbrar  las razones  objetivas  de que su pueblo  sea,  quizás, el único de toda la provincia que carece de expresiones populares  de Semana Santa. En realidad es un caso insólito.

 

 La respuesta a ello no fue, ni es, fácil, porque entre otras no baladíes,  referidas a la  idiosincrasia de este pueblo, esas causas se incardinan en cierta medida  en emociones derivadas, y mantenidas durante excesivo tiempo, de una guerra civil que en Cártama tuvo connotaciones  excepcionales.

 

Antes de seguir y, en honor a la verdad  de la que en todo caso  fui, y soy, esclavo, sin que ello sea óbice para respetar los argumentos de  posibles  discrepantes de mis propuestas objetivas, invoco la primera parte de esta crónica referida a  lo que sucedió en 1.936 en relación a la iconografía religiosa. No es del momento repetir lo ya dicho.

 

¿Se imaginan  hacia donde se encaminaron las acciones revolucionarias cuando ya no quedaron imágenes por quemar?  Como he hecho siempre, prefiero no hablar de ello, porque los que lo vimos y sufrimos debemos callar, como igualmente debieran hacer otros, promover ellos, como han hecho las gentes del resto de pueblos de la provincia, unidos en tal objetivo noble, de cuya carencia por su propia desidia, tanto se lamentan, uno y otro año. Esperan que sean los políticos los que les haga el trabajo que, como acción socio religiosa corresponde al pueblo y, si quiere sumarse al párroco que, no creo esté por la labor, En sentido escama sobremanera el hincapié que ha hecho la Iglesia en que Cártama cuente con una nueva advocación que oponer cuasi espuriamente a la multisecular advocación y Gloriosa tradición de su Patrona, la Virgen  de los Remedios. Esa opositora creo que se advoca la Divina Cabrera. Lo peor que le puede pasar a los pueblos es que sean los políticos los que escriban su historia, más grave si el periodo que abordan tiene como hito cumbre una guerra civil seguido de una dictadura que era inevitable de un signo u otro según el vencedor de dicha conflagración cainita.

 

No obstante,  legalmente nada tengo que objetar a tan desleal  hecho, que no merecemos los cartameños  pero  que está acorde con la Ley Positiva y clerical. Pero también es cierto que por encima de esta “ley positiva” que dictan los hombres, no siempre acorde con lo justo y, en muchas, atenida a espurios intereses de partidos políticos o grupos afines, está La ley natural,  ese don del Cielo impreso en el corazón y la conciencia de las personas honradas y bien nacidas.

 

           

            Y ahora, para terminar de sustanciar este humilde  trabajo, me voy a valer de lo escrito en su día, pero de  total vigencia aún, por una  auténtica autoridad en temas Religiosos y eclesiales, adquiridos por él mismo con años de latines en el Seminario y, más valioso,  por herencia de sus mayores verdaderos siervos siempre de la Iglesia y, por ende, de Dios.Se trata de mi querido amigo, Claudio Roldán Ruíz quien,  recordó verazmente y con respetuosa concisión y precisión y dejándolo escrito en libro, como  fueron las manifestaciones de Semana Santa en Cártama, antes de desaparecer hace ya más de noventa años. Me refiero a una detallada Crónica que en  el libro, “Semana Santa en la provincia de  Málaga”, publicada en  1.994 por Los Servicios de Publicaciones del Obispado de Málaga en colaboración con la Universidad de esta ciudad, hizo como he dicho, el culto cartameño antes nombrado, Don Claudio Roldán Ruíz.

 

He de confesar, que lo aportado por él sobre tan entrañable tema, sería yo incapaz de igualarlo, y más en el estado  de decepción en que me encuentro sumido en estos momentos. Pronto quizás,  como cronista independiente de la Villa, puede que publique en mi blog mis parcas nociones sobre el tema. Dice así Claudio Roldán en la página  171 del mentado libro:

 

“INTRODUCCIÓN.- Cártama, en la actualidad,  es un pueblo… con aprox. 12.000 habitantes... (Se refiere a 1.994)

…Tuvo una gran tradición semanasantera, anterior a nuestra triste guerra civil, y que  después desgraciadamente se perdió (la Semana Santa).

…Sin tratar de profundizar excesivamente en el tema y con los datos que hemos podido recopilar…queremos que aquellas antiguas celebraciones de Semana Santa sean conocidas por las generaciones posteriores…Cártama también  en los comienzos de siglo y años anteriores, un pueblo que vivía la Semana grande cristiana con gran sentido religioso, plasmado en una serie de actos de fervor y devoción popular, en los que participaba (subrayo adrede el último y, significativo párrafo)

EL PASO DE CÁRTAMA.- Hoy día son muchos los pueblos  de nuestra Andalucía que celebran la Semana Santa, entre otras celebraciones, con representaciones de los momentos más importantes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo y conocidos popularmente con el nombre de Pasos.

Cártama también tuvo su Paso que se representó aproximadamente hasta el año 1.929  (al menos con su tradicional esplendor).

Todos los personajes que participaban tenían su vestuario específico y contaba de:

 

            --Túnica hebrea, vestidos de romanos, de sayones, etc.

            --Sandalias

            --Careta hecha de cartón-pieda

 

Los personajes  se heredaban de padres  a hijos o a algun familiar cercano con algunas cualidades interpretativas.

Los momentos más importantes que se representaban  por las principales calles de la localidad, con sus correspondientes diálogos y extraídos de los textos bíblicos, eran los siguientes:

 

            1.- El sacrificio de Isaac

            2.- La samaritana y Jesús en el brocal del pozo.

            3.- María  Magdalena como mujer pecadora y arrepentida.

            4.- Las negaciones de Pedro.

            5.- Juicio de Jesús ante Anás, Caifás y Pilatos.

            6.-Ecce homo: Presentación al pueblo

            7.- Jesús camino del Calvario

            8.- Las tres caídas de Jesús. La Verónica.

            9.- La Crucifixión

        10.- Resurrección en el interior de la Parroquia

 

Deja de representarse  en el año indicado, aproximadamente, y  ya no vuelven a interpretarse más, ni los tiempos n que corren en Cártama son propicios a su recuperación, ojalá nos equivoquemos, pero si en ochenta años no hemos sido capaces…

Las causas (dice Claudio Roldán y lo apuntaba yo en la primera parte),  son debidas a los cambios políticos y posterior guerra civil.

 

PROCESIONES EN CÁRTAMA: EVOLUCIÓN HISTÓRICA.-También se procesionaban  imágenes por las calles del pueblo antes de la guerra civil…según el siguiente programa:

 

            --Jueves Santo: ”Coronao” (Jeús coronado de espinas). “Los  verdes” La procesión era por la tarde.

            --Viernes Santo: Jesús con la Cruz a cuestas. (Jesús Nazareno) “Moraos”  La procesión se celebraba por la mañana.

            --Sto.  Sepulcro y la Virgen de los Dolores. Por la noche.

            --Domingo de resurrección: Cristo resucitado, cuya procesión se celebra por la mañana.

            --Era conocido este día como “el  de las latas”. Los vecinos  y  sobre todo los niños,  amarraban latas  con una cuerda o alambre  y, arrastrándolas por las calles del pueblo todas terrizas y algunas empedradas, producían un ruido ensordecedor. Era, junto con cohetes y tiros al aire  de escopetas desde los patios, la manera que tenía un pueblo, entrañable, de expresar la alegría por la resurrección del Hijo de Dios.

            --Todo lo que explicamos y decimos según nos cuentan, son actos que se celebraban antes de la contienda  española. En este punto yo discrepo: Yo mismo arrastré latas, al menos dos o tres veces después de la guerra, cuando las campanas empezaban a repicar  anunciando la resurrección  del Señor.

            --Durante la guerra civil (yo diría, atenido siempre a mi memoria por supuesto susceptible de errar en algo, que desde algunos meses antes), Cártama… sufre las consecuencias de posiciones radicalizadas. Se queman archivos, imágenes y retablos de nuestra parroquia (en la primera parte de este memorial ya dije cuales, como y su valor religioso y artístico)… sólo se salvan la imagen de nuestra Patrona la Virgen de Los Remeios y la de Jesús Nazareno…, preciosa talla que se le atribuye nada menos que a Francisco Ortiz, siglo XIX.

            --…Después de la guerra no salen imágenes en procesión (si apenas quedaron dos por quemar ¿cuáles se iban a sacar, y quien se iba a  atrever si la guerra continuó con resultado incierto algún tiempo más?), aunque sí en la festividad  del Dulce Nombre, salieron Nuestro Padre Jesús y la Virgen de los Dolores… Se  recuerda  que en los años 50, con motivo de unas misiones  que dirigió el famoso orador,  Padre Huelin, se sacaron en procesión las imágenes antes nombradas.

            --En la década de los cincuenta hay un resurgir del movimiento cofradiero. Un vecino de la localidad, D. José Orejuela, se hace cargo del coste de una nueva imagen de jesús de la Humildad

(”Coronao”) y en los años 58-59 encarga un trono  para dicha imagen; se procesionó con anterioridad en la festividad de San Pedro, titular de la Parroquia durante un año en un trono prestado.

            --Este nuevo trono se monta en la plaza del pueblo, en la puerta de la iglesia debido a sus grandes dimensiones; se contrata la Banda  del Regimiento Aragón 17, y, poco antes de dar comienzo la procesión, el párroco, D. José María Almagro exige que S. Pedro, titular de la parroquia, salga en esa procesión delante de la imagen de Jesús de la Humildad, decisión que… no es aceptada por los cofrades… (no viene al caso abundar en este desagradable episodio, en el que los ánimos se salieron de madre. El aun vigente  cronista Oficial (o sea, amanuense del PSOE)  carga toda la culpa al párroco y, ello como suele ocurrir,  es totalmente falso: La mayor culpa estuvo en la rivalidad que se despertó entre los miembros de una cofradía y otra, asunto que, con “algodones”, como otros de aquellos aciagos tiempos, explico en mi libro, ya terminado, “Ecos de la Alhóndiga”)

            --La procesión se suspende, se recoge  todo y años después este trono se vende a una cofradía de Alhaurín de la Torre, que todavía lo sigue usando (Hermandad del Nazareno)

            --A partir de entonces acabó en Cártama todo referente cofradiero.

 

TRADICIONES POPULARES.

     (Muñidores (mullidotes)

 

Eran 14 o 15 personas que en la noche  del 2 al 3 de enero salían por las calles del pueblo, cantando en las puertas  de los hermanos de la Hermandad de Jesús Nazareno.

            Esta tradición, que  ya se celebraba desde no sabemos cuando,  sí se recuperó después de la guerra civil celebrándose  el acto hasta los años 50.

            Acompañados de campanas se cantaban estas letras:

 

                        “1.-  Al entrar por la puerta la Iglesia

                              A mano izquierda (1)

                              A mano izquierda

                        Ç.- Reparas y verás

                              A Nuestro Padre Jesús Nazareno

                             Que con la Cruz a cuestas

                             Al Calvario va.

 

                        2.¡Oh dichosa hermandad de Jesús

                             Que dais gloria y culto

                             Al Supremo Ser

                        Ç  Imitad de  Jesús sus virtudes

                             Invocad su Nombre

                          Y nada temed…”

                                                            (Se repite desde C)

sábado, 3 de abril de 2021

 

Dedico este trabajo a mis amigos de la tertulia, “Mesa del Guadalhorce”,  con reunión en el Restaurante Platero cabe Sierra Gorda.

                                            ***

LOS TOROS EN LA  II REPÚBLICA Y EL FRANQUISMO.- (I)

(De mi libro en creación sin corregir: “Memorias de un niño de la guerra”)

Fascismo y comunismo son las dos palabras que más recordamos de aquellos años los que éramos niños,“niños de la guerra”; momentos aciagos de la preguerra, guerra y postguerra civil. Tiempos convulsos en los que el Frente Popular y el Frente Nacional se empeñaron en que España viviera una aciaga confrontación fratricida so pretexto de ser unos, u otros, de izquierdas o de derechas, antónimos entonces como hoy, y después, de marxismo y fascismo respectivamente.

Pese a mi corta edad, recuerdo con nitidez inusitada que vivíamos con suma tensión en medio de un caos social y político, que hasta los niños de cinco años percibíamos.

Incardinada en ese desbarajuste social (así es el ser humano), existía otra preocupación lúdico-social de la que se hablaba con la misma pasión que de política: Los toros.

Gil Robles, Largo Caballero, Calvo Sotelo, Dolores Ibarruri (más conocida como La Pasionaria), Azaña, Prieto, Franco (héroe de la guerra de Marruecos y, el general más joven de Europa), eran los nombres que más se nos gravaba en la memoria.

De la Fiesta Nacional lo eran Domingo Ortega, Rafalillo (íntimo amigo, como otros muchos toreros, del genial cartameño, González Marín, en cuyo despacho-museo aún puede admirarse un vestido de torear que aquel le regalara), los Bienvenida, Chicuelo, Márquez, Pericás, Gitanillo de Triana (“Curro Puya”, el de las verónicas de carteles), etc.

En definitiva, la fiesta nacional secular de España: “Lidia. Lid. Lucha. Muerte”, y, subsiguientemente, angustia social, panorama sombrío, impotencia de unos políticos y agresividad temeraria de otros, deserciones, conspiraciones, cárceles, burgueses acobardados y desafío altanero proletario, detenciones; latente premonición de los temibles “paseos”.

2 de julio de 1.936. Fiestas de San Fermín en Pamplona; 8 toros para Manolo Bienvenida, Domingo Ortega, “Rafalillo” y Pericás. Tiros en la calle; desde un coche son tiroteados dos falangistas en una terraza en fiestas; poco después, mientras la corrida sigue su curso de lid y muerte, otros dos hombres mueren a pistoletazos casi a bocajarro al salir de la Casa del Pueblo. La guerra no empezó el 18 de julio, latía desde mucha antes de su estallido. En las calles de las grandes ciudades, enormes cartelones con la Hoz y el Martillo y el consabido letrero, “Viva Rusia”. En el Teatro, Estrellita Castro con su caracol en la frente cantaba: “Mi jaca galopa y corta el viento, cuando pasa por el Puerto caminito de Jeréz...” García Lorca acababa de escribir “Llanto por Ignacio Sanchez Mejías” matado por el toro, Granaino, de Hermanos Ayala, en Manzanares:

Las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde...

El toro ya mugía por su frente

a las cinco de la tarde...

En la otra orilla del Estrecho, maniobras militares. Acumulación de fuerzas en Llano Amarillo. Se analiza por el ejército la situación del país. “La República se hunde y hasta Maura está convencido de que el remedio es una dictadura republicana nacional...”; por toda la geografía patria enormes retratos de Stalin con el insidioso, “viva Rusia”. ¿Y las libertades democráticas? Para la mente de los contendientes esto era ya otro cantar. “¿Libertad, para qué?”, le había dicho Lenin a Fernando de los Ríos cuando visitó Rusia, de donde volvió decepcionado.

10 de julio de 1.936. De nuevo cartel de lujo en Pamplona: Ortega, El Estudiante y “Rafalillo” Y ... “el vino que tiene Asunción ni es tinto ni blanco ni tiene color..” A Mola en su despacho pamplonica le quema el teléfono en el oído. De improviso, un telegrama cifrado. Aquel 10 de julio de 1.936, Franco, que en Tenerife ha vacilado hasta ahora si unirse, o no, a la sublevación, decide hacerlo ante la muerte de Calvo Sotelo por los socialistas de Prieto. Mola, de inmediato, le exige tome el mando de las tropas de Marruecos.

En la referida corrida de abono, los mentados toreros, Ortega, “El Estudiante” y “Rafalillo”, arrullados por la pasión irreflexiva de la masa, cortan orejas y rabos a sus respectivos lotes, de la ganadería de Galache.

En los tendidos vinos y fiambres, se hace la ola y se canta: “uno de enero, dos de febrero, tres de marzo, 4 de abril y... ¡¡18 de julio!! España corta oreja, rabo y pata.

CÁRTAMA: José González Marín, acompañado de su ayudante escénico, el singular personaje, Antonio López Plana, iban sobre las olas del Atlántico en la singladura de la poesía y el amor de María madre del gran perdonador de injurias, Nuestro Señor Jesús de Nazaret.

Tras almorzar en casa del poeta, José Mª Pemán (al que enseñaron la imagen de la Patrona de Cártama que llevaban consigo en un maletín, que se conserva) zarparon en el barco, Cabo Santo Tomé, en Cádiz, iniciando aquel día de primeros de julio de 1.936, la cantiga mariana más hermosa de la historia de las naciones, con raíz en un pueblo de España, CARTAMA, al que le cupo tan mirifico honor y gloria, porque glorioso fue que al conjuro de la poesía juglaresca y la devoción mariana que despertó una Virgencita chiquita, todas las repúblicas iberoamericanas se hermanaron, ratificándose el hito con la entrega de las enseñas nacionales por sus respectivos presidentes de gobierno, para que a su vuelta de aquellas lejanas tierras orlaran, como exvotos de gloria, los muros de su Ermita, tal fue durante muchos años hasta que las quemaron en aras del odio y la estulticia.

Durante la singladura, estalló la guerra civil y los componentes del Frente Popular se lanzaron a una orgía de destrucción: la Ermita de la Patrona exiliada y la copia que sus salvadores habían dejado en su lugar (de haber sido la real la habrían quemado igual), Imágenes titulares de Cofradías señeras y populares, y, ya el día 1 de agosto, recién llegada la Virgen a Buenos Aires, se mató al primer inocente de los 42, o quizás más, que mataron los del Frente Popular en Cártama. El segundo fue el industrial integrado en el pueblo de 33 años, José María Prolongo, dueño de la fabrica de embutidos Prolongo, hoy Soler