domingo, 20 de septiembre de 2015

TIERRA MADRE

                                          RELATOS BREVES (2)

                               
                                      (De m/libro “Ecos de la alhóndiga”)

            Iluminada y cálida, tierra madre.  Hienden tus entrañas los arados para darte el tempero propicio a las  sementeras que son promesas de vida. Millones de veces  esponjada con sudores de hombres;  secularmente  halagados  tus incógnitos tímpanos con cantos temporeros al son de esquilones que ponen ritmo al santo trabajo de cada día.  Dibujados en tu faz,  caminos de herraduras y rodaderas y eres  subsidiada del sol y de la calaera lluvia que en tu vientre macera las semillas que devendrán en cosechas   de  las estaciones todas.

            Tierra madre que me viste nacer, te llevo licuada por los canales de mis venas y alimentas mis recuerdos y mis nostalgias de un ayer que, por ti,  fue un hoy pleno de realidades. 

            Compadezco a los que te olvidan, a los que  huyen de tus recuerdos, porque al perderte, pierden su ser, su raíz y su alma. Tierra labrantía, por algo fuiste numen de excelsos poetas. Ya el divino Virgilio, al escribir la épica Eneida, recordaba sus Églogas y Geórgicas con esta entradilla:

             “Yo aquel que en otro tiempo modulé cantares al son de la leve avena...obligué a los vecinos campos a que obedeciesen al labrador...”

             Y, qué decir del “Beatus Ille” del eterno Quinto Horacio Flaco, nacido de liberto 65 años a.C:

                                   “Dichoso aquel que alejado de los “negocios”,
                                      como la antigua raza de los mortales,
                                      cultiva sus campos con los bueyes,
                                      alejado de la usura...
                                      Ora con la crecida vid
                                      une los altos álamos
                                      ora contempla desde lejos su rebaño de vacas...
                                     y podando con la hachuela las inútiles ramas
                                     injerta otras mejores...


            Madre  eterna, panteista y horno de todo lo creado…  

sábado, 19 de septiembre de 2015

VENDIENDO PESCADO A TOQUE DE CORNETA


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DE UNA EXCURSIÓN LITERARIA POR LAS ALPUJARRAS




Pedro Antonio de Alarcón, escritor del siglo XIX  (El capitán veneno, El clavo, Historietas nacionales, Novelas cortas, ¡¡El sombrero de tres picos!!, que aún releo...) fue uno de mis autores de juventud y, siguiendo sus andanzas , que solía ponderar, realicé una excursión con mi mujer e hijo en un "seilla" por todos los pueblos de Las Alpujarras, que me resultó apasionante; tierras de bellos paisajes y rincones cargadas de historia. También me encontré con las huellas de Lorca y Brenan, etc. Lo traigo a colación porque aconsejo a todos los que puedan que hagan esta ruta apasionante de nuestra tierra.


jueves, 17 de septiembre de 2015

EVOCACIÓN DE “LA CARCEL DE PAPEL”

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Allá  por los años sesenta del pasado siglo, los humildes formatos de los programas de las fiestas del  23 de abril en honor de nuestra  Patrona y feria  y fiestas  inherentes  cumplían una misión promocional en todos los pueblos del contorno; no se buscaba con él otro beneficio que el del pueblo y no era  escaparate electorero como acaece ahora.  Es más: todos los actos estaban  organizados democráticamente por una junta de festejos, como en democracia debe seer y más cuando alardeamos de ello,  y no por un concejal ordeno y mando o, de  "yo me lo guiso yo me los como". Es un decir.

Pues bien, en dichas datas merodeaba un día por Torremolinos un redactor del célebre semanario humorístico, "La Codorniz", buscando como un Sherlock Holmes de la Gran Bretaña, a algún macandito merecedor de acusación formal para meterlo de patitas en la "Carcel de papel", célebre sección del referido semanario humorístico de la época franquista, lo que pudiera dar cierta verosimilitud  a un dicho, años atrás muy en boga que reza: "contra  Franco vivíamos mejor" quien, por cierto, también recibió algunas tarascadas del aguerrido medio, verbigracia: Una de sus tiradas contenía una viñeta de un teatro repleto de gente gritando enfurecida y, en el escenario, un señor cuya cara era fiel reflejo del rostro de Franco que llevaba bajo el brazo un ejemplar del diario "El pueblo". La literatura de la viñeta decía así: "Grita el de arriba, grita el de abajo y, el tío, con el pueblo debajo del brazo". Ni que decir tiene que el semanario duró en los kioscos menos que una bolsa caramelos en la puerta de un colegio. La suspensión  fue de dos tiradas.

Y, miren ustedes por donde, lo que vino a caer en las manos de este sabueso mediático, fue el humilde programa de las fiestas de Cártama, en el que, para pretenciosamente revalorizarlo,  se incluían  tres artículos: Uno lírico y pretendidamente sublime, amétrico y argumentalmente más cursi que una gata con moños firmado por un mi hermano, José Baquero Luque; otro, de subida exuberancia mística  salido del magín del entonces cura párroco, José Mª Almagro y, un tercero, rubricado por el alcalde del lugar, José Sevilla Ortega que más que una glosa parecía un atestado de cuando era brigada de la Benemérita.

Los tres antedichos escribidores fueron presos en la "Carcel de papel" del medio, convictos de fruslería literaria e irreverencia mística con agravantes de publicidad, con un auto de este tenor literal; "Fallamos y condenamos al vecino de Cártama José Baquero Luque, al Párroco, Reverendo Almagro y al alcalde, Sr. Sevilla, a siete días, una hora y tres minutos en la CARCEL DE PAPEL de este semanario, por los siguientes y flagrantes delitos: distonía intelectual transitoria, cursilería temeraria acorde con sus presuntas y respectivas ignorancias, jerigonza inane propias de candileros de boyería",  y otras perogrulladas impropias de sus cargos  que vienen a parecerse a esta terminología: ricia molleril, atrofia de caletre, gandinga de estilo complicada con yoismo exacerbado, etc,etc.   

Visto ello,  es de precisar que si hoy existiera la "Codorniz" (¡cuanta falta hace!), y trincaran en su redacción los susodichos programas feriales actuales  con aportaciones literarias en papel de lujo a todo coste muy abundantes en solecismos propios de quienes siquiera han pisado la miga de doña Ciriaquita, en vez de en la trena de papel de la Codorniz, serían metidos sin fianza en las negras mazmorras del "Penal de papel estraza del Puerto de Santamaría", y, el Cronista amanuense Oficial de este lugar entraría una celda de castigo por su pedantería demagógica consuetudinaria, sin paliativos y onerosa para la cultura popular. Este eximio cronista que lleva unos cuatro como tal, no ha escrito aún una sola crónica acusando las flagrantes contradicciones de la Corporación plena, por lo   que le ha premiado nombrandole también Juez de paz de la villa.

AMOR EN LA PARADA DE SEMENTALES


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            El “tío” Bernardo, tenía una pequeña labor de cómo cuatro fanegas de tierra  de regadíos segregadas de las  del Cortijo de la Alhóndiga; finca, que antes se llamaba de Bracho, al  que él  la compró  con pagos a plazos.   

            Linda  por  sureste con  la agarena acequia del Barullo, cuyas aguas la riega, elevando  la torna mediante atraque; por el resto, encuadrándola, avecinda   con la finca matriz.  Junto a la acequia,  a salvo de las avenidas del río, se alzaba la casa vivienda compuesta de planta baja con dependencias para  trojes de granos, alacena, trastero para herramientas, amplia cocina con horno de leña para el pan,  comedor, salón, y alguna sala más.  La segunda planta está dedicada a dormitorios. En definitiva, típica casa de la vega guadalhorzana.

            La  puerta de entrada,  al sol naciente y mirando al pueblo con la blanca ermita  de la Virgen de los Remedios acunada en el bello  Monte de la Ermita. Delante de la puerta  un amplio porche empedrado,  rodeado de un  poyo de obra y asombrado en la canícula con una tupida  parra  de uvas negras gaspacheras.

             Adosados al lateral este, el  tinado y la cuadra, y, como a 10 metros, corraletas para ganado de cerda que aprovechan los desperdicios de huerta y domésticos.

             En el  patio interior de la vivienda, también tenía el cortijillo  un gallinero con una nutrida parva de gallinas y otras aves a las  que cada mañana se les abría la trampilla de entrada y salida para que se alimentaran campeando. Los animales proporcionaban a Bernardo y su hija Elena un beneficio complementario al exiguo, y voltario,    de la explotación agrícola.

            Una vez por semana pasaba por “Lo Bracho” (que así continuaba llamando el pueblo a la explotación de Bernardo)  el recovero, que suministraba a la familia toda clase de ropa y tejidos amen de otros neceseres desde una aguja a una tijera, etc. Cobraba en especie: Pollos, huevos, trigo, maiz, gallinas, etc. De tal guisa, Elena tenía un ajuar muy nutrido y variado.

            Bernardo, en la fecha  que aquí glosamos,   era ya viudo;   su mujer, prematuramente muerta,  le dejó tres hijos, dos varones y una preciosa niña llamada, cual quedó dicho, Elena. A todos,  el buen padre les fue  enseñado  por las noches, antes de la duerma y  a la luz de un  carburo, cuanto él había aprendido en las escuelas nocturnas del pueblo y en la dura brega con la vida y con  la áspera tierra, que en ninguno de los casos era poco saber para la época.

            Un día,  en una de aquellas terribles glebas militares para luchar contra el moro en la guerra de África, enrolaron obligatoriamente  a los dos hijos varones de Bernardo;  jamás regresaron, como tantos otros soldados de aquella guerra.  El pobre labriego se  sumió  en la más punzante  e inextinguible  tristeza; su hijita, que iba creciendo y madurando plena de vitalidad, constituía para él la única razón para seguir viviendo y luchando.

            Ya en edad núbil, Elena  se convirtió en una de  las  mozas más agraciada,  y celebrada,  del entorno; era, además, enormemente valiosa ayudando a su padre en las duras faenas labriegas, amén de tener siempre el hogar limpio y  ordenado.  

            Como todos los años, aquel verano se alojaron en las dependencias  ganaderas del Cortijo de la Alhóndiga  --en el estío todo el ganado  estaba  en la pesebrera  exterior cubierta con cañaveras--  la  parada de sementales   para que  los labriegos llevaran  yeguas y burras a que las cubriera el semental correspondiente con garantía de pedigree.

            El día que le tocaba  la cubrición a la yegua de  Bernardo, éste se sentía indispuesto y,   encomendó a su hija llevar la bestia   a la parada. Este año quería que la sementara  el borrico garañón  a fin de que, llegado el momento,  pariera un mulo con que ir renovando la yunta mular de su labor.

            El menestral  de la parada era un fornido y bien parecido mozo, cuya edad sólo sobrepasaba a la de la púber zagala unos tres o cuatro años.

             Mientras él, delante de la briosa yegua   que se mostraba reacia al macho la retenía por la cerreta, la jacarandosa y decidida  moza,  avezada en todas las contingencias camperas, manejaba al enorme garañón que en un momento echó   sus brazos sobre las ancas y el lomo de la hermosa yegua; pero, por mucho que férvidamente  atacaba con su miembro en ristre,  no atinaba a entrarlo en la yegua. El mozo, desde su sitio, gritó a la joven:

            --Cójesela, ¡que no te va a picar...!, y apúntala a la vulva de la yegua, no dejes que se pierda el salto...
            --Sí...,¡ ya voy!

            Sin dudarlo un instante, la joven campera asió el enorme vástago  del borrico padre y lo puso en su sitio, empotrándose   entero de inmediato  en la interioridad de la bestia, lo que ésta  acusó   con un ostensible estremecimiento que no le pasó desapercibido en  su sensualidad  a la mocita.   Tras unos dilatados minutos  sobre su hembra de turno, el jumento se apeó lánguidamente. Todo aquello era misterio para la mocita que se le desvelaba en aquel momento.  

            El conjunto de esta  inusitada experiencia,   produjo en la bella moza  un despertar  de la más  recóndita y nunca experimentada  excitación  que se intensificó al rozarla el   apuesto mozo cuando se emparejó con ella al ir a amarrar la yegua a una de las argolla fijadas en la encalada  pared, mientras sugería   a la lozana moza  llevara ella al garañón  al tinado y lo apesebrara.

            La joven  hembra sintió en sus entrañas el culmen de la excitación amorosa que casi la obnubiló y la desinhibió totalmente. Ya no era dueña de sus actos: Escaló sin miramientos por una  escalera de vareo  que accedía al henil del tinado;  tumbó su espalda en los pajotes de heno, y esperó a que el mozo, guiado de los deseos que ella llevaba un rato percibiendo en su mirada, subiera también. No erró su instinto de hembra en celo.  Él,  al verla desnuda en toda su gloriosa anatomía de cintura abajo ofreciéndole su ahuecado vientre y las hermosas piernas en uve, con con vértice en un endrino bulbo piloso   se desconcertó  y, quedose atónito y paralizado. Quedamente, casi susurrándole,  díjole la diosa carnal al terme varón:

             ¡¡Vente a mí..., tooomaaame...!!

            Al primer embate del manijero,  la joven tuvo  una primera sensación de desgarro,  después  sintió  sus adentros plena y placenteramente tomados con contundencia, y, por último, un chorreón tibio inundó su seno, que le hizo susurrar:

            ¡Que dulce, que dulce...!,  entrando ambos en inefable y total laxitud. 

            Cuando el sol hincaba  la cabeza por poniente, la joven inició el  retorno  al hogar. Hubo de hacerlo a pie, llevando la bestia de reata,  porque al subir sobre  ella, aquella tarde   sentía  molestias, por otro lado explicables. Notaba una sensación extraña, como que algo nuevo se injertó aquella tarde  en su vida. Al despedirse  del joven sementalero, el la dijo:

            --Soy tuyo...
            --Y yo tuya, amor mío; mañana de atardecida te espero en la mimbre del atraque...

            Pasados dos meses, mientras padre e hija regaban a manta unos canteros,  ella le dijo:

            --Padre, debo  decirte algo que te va a enfadar
           --¿Qué,  hija mía...?
           --Voy a tener un hijo....
           --¡¡Del mozo de la parada de sementales...!! ¿verdad?, y él ¿que dice?
           --Los paseos que doy todas las tardes es para vernos, se muestra enamorado y está deseando tener un hijo;  quiere que nos casemos ya.
            --¡¡Gran Dios, gracias, la guerra me quitó dos hijos y Tú  me das  otros dos...  
                       

           



             


            

VERANO EN EL CAMPO

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NOTA: Este poema no está aún medido ni trabajado,
ni ganas que tengo de hacerlo; espero que el bueno
de Antonio Fuentes, poeta de poetas, lo lime como
 él sabe hacerlo. Yo para la métrica y preceptiva  lírica soy un vago.

                                             ***

La cosecha, espigas
Como soldados
De un batallón sembrado;
El asno su capitán
Y el grillo corneta airado.

La amapola, el banderín
Del ejército alineado,
Que al asnado capitán
Le sigue la voz de mando.

La chicharra va serrando
En la realenga del vado
Las hileras de granados;
Los jornaleros sestean
A la sombra del sombrajo.

El sol encabritado
Lanza rayos azufrados,
Y en el ruedo de la era
Las colleras van trillando
Al son de lenta cantiña
Que el morero amodorrado
Desde el trillo va cantando.

El día perezoso dormita
Sobre los barbechos planos.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

EL INDIANO Y DOS POLÍTICAS DEL PUEBLO

                     
 
       Diputada y concejala, Teresa Pardo

            Circula aún una especie de chascarrillo cateto, que en el fondo contiene  un sentido de fabulilla con elocuente moraleja aplicable a algunos políticos (as):

            Un labriego plantó  en su huerta un albaricoque  que, ya adulto, resultó "saraza", es decir,  no daba frutos; todo el flujo de sabia lo  utilizaba para echar fronda. Desesperado el labriego por la ruina  de la agricultura, decidió emigrar a América pero, previamente   cortó el albaricoque a rapaterrón; empleó, antes de irse, las ramas secundarias para alimentar un tiempo el fuego de su humero pero, no así el grueso tronco que, al marchar,  quedó tirado en un lindazo de su huerta.

            Sucedió que estando el campesino en las Américas, en una de nuestras trifulcas políticas fue quemada la imagen del patrón de su pueblo. Los parroquianos, pasados los momentos álgidos de  la algarada, decidieron  encargar una nueva imagen del patrono para renovar la tradición religiosa. La condición que les puso el imaginero era que ellos deberían aportar la madera. Daban vueltas y vueltas  buscando un tronco adecuado. Uno de ellos, sugirió que se utilizara el tronco del albaricoque que, el  indiano paisano había dejado en su huerta. Y eso hicieron: El escultor tornó el tronco en una magnífica imagen.  

            Cuando el huertano  volvió a su pueblo, ya bastante adinerado, acudió  a los renovados  actos litúrgico en honor del patrón. No más entrar al templo, lógicamente se fue a rezarle al titular, ignorando que la talla  antigua había sido quemada y reconstruida de la forma dicha.

            En cuanto el retornado le echó la vista encima al santo, se dio cuenta que, por lo que fuera, la madera de la imagen era la del tronco del albaricoque saraza que él dejó  en el huerto al emigrar. Entonces su  oración fue de esta guisa:

            “En mi huerto te crié, de tus frutos  no comí, los milagros que hagas tú, que me los cuelguen aquí”,  (dirigió  su mano en expresivo gesto a semejante y colegible  sitio) 

            Me ha venido a las mientes este moralizante chascarro, al leer en la prensa que la antigua Diputada cartameña del PP interviene como gestora   en una iniciativa en relación a la promoción de los productos del campo malacitano en los mercados receptores con denominación de origen, lo cual, es una más que plausible iniciativa, pero que yo, que conozco bien el currículum de la dicha diputada siendo alcaldesa de Cártama (Parque Agroealimentario y lo que le cuelga morena: derribo de la emblemática Ermita de Casapalma, pelotazos urbanísticos,  etc.etc.etc) no apuesto un penique de vellón por la buena praxis del aún vigente proyecto.

            En virtud de ello, por lo bajini  no he podido por menos que musitar la misma oración gramatical que el indiano de marras.

      Ahora tenemos en Diputación otra despampanante diputada a la vez que es concejala de este lugar. Es de esperar, Dios lo haga, que cambie el pajeao. Falta le hace a Cártama.

RECORDANDO A MI AMIGO MATÍAS PRATS

                                      
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 Radiando los toros en la feria de  Málaga

            De la categoría humana y cualidades profesionales de Matías  Prats, muerto hace un tiempo  a los 90 años de edad, han hablado todos los medios  y le han dedicado justos encomios y semblanzas los más acreditados periodistas, artistas, escritores, etc,  de España. Por mi parte, pues, y ya que tengo a mi disposición este medio comarcano, cumple sólo dedicarle un humilde homenaje de gratitud por la amistad que desde  hace muchos años me dispensó, alimentada al principio en la casi cotidiana  relación, y, zurcida últimamente, tras muchos años de distancia física, de la forma que paso a enumerar.

            Lo conocí,  allá por el año 1.940,   en el comercio de aparatos musicales, discos y  radios que Rodolfo Prados tenía  en la malagueña calle Larios, o quizás en calle Martines. Tenía yo  unos trece años, y aquel día acompañaba a Pepe González Marín a su frecuente entrevista con el locutor.

 Le seguí tratando con frecuencia  mientras estuvo en Málaga de locutor en Radio Nacional, unas veces cuando  me desplazaba a la capital y, otras, cuando él lo hacía a Cártama a casa de González Marín, que solía  piropearlo diciendo de él :          “ Cuando Matías habla, su sola voz  tiene mayoría  absoluta ”.

  Hará 20 años, cuando en  Antena Tres Televisión  comentaba  una corrida de rejones, resultó que  un caballo de uno de los rejoneadores se  llamaba, precisamente, “ Cártama ”. Los sabrosos comentarios adicionales con que Matías Prats solía siempre  guarnecer el acto concreto  que radiaba o retransmitía por televisión, ya fuera boxeo, fútbol o toros, en aquella ocasión, y aprovechando el  nombre del caballo, fueron para Cártama; con especial y patente emoción, para recordar al amigo,  Pepe González Marín.

 Le llamé por teléfono para agradecerle, como cartameño, el cariñoso encomio que desde las ondas televisivas había hecho de Cártama y de  su ilustre hijo. Recordamos tiempos pasados, y, con ostensible nudo en la garganta, me manifestó:        “ Dile en mi nombre  a las gentes del  pueblo de Cártama, que lo que están haciendo con la memoria de su universal paisano es un crimen de lesa gratitud ”.

 Cuando en 1.987, le pedí  un testimonio sobre nuestro artista para insertarlo en la parte que  me correspondía escribir  en el libro “ El Faraón de los decires  ( Biografía de González Marín) ”, recordó lo que con ocasión del caballo “Cártama” me había dicho, e insistió: “ No te autorizo a decir en mi nombre otra cosa; se valiente y di eso en defensa de la memoria de nuestro amigo muerto”. Fue testigo de esta conversación, Pedro Dueñas, otro de los autores (con José Luís Jiménez), del citado libro. Por ser un   tomo y autoría compartida, no me pareció oportuno  incluir en él tales palabras de Matías Prats. Hoy, y después de otra generosísima deferencia que por mediación mía tuvo con Cártama y que a continuación amplío, he querido cumplir su deseo. Dicho queda: "lo que se está haciendo en Cártama con la memoria de nuestro universal paisano es un crimen de lesa gratitud".

 Hace cuatro años, con ocasión del Primer Certamen de Rapsodas, González Marín,  conjuntamente con otro común amigo ( Pepe Gallardo), pedimos  al entrañable locutor, que entonces veraneaba en Marbella, concediese una entrevista filmada al Ayuntamiento de Cártama para pasarla durante la celebración de dicho Certamen. Me contestó : “ Hombre, cómo no, pidiéndomelo quien me la pide y, para hablar de quien vamos a hablar... ”. Matías Prats y su señora nos recibieron con exquisita amabilidad. Él,  estuvo hablando durante una hora ante la cámara del Pepe González Marín amigo, artista genial y hombre bueno que fue. Me acompañaban la entonces concejala de Cultura, Remedios Vargas y mi amigo, Antonio Fuentes Franco.

Dicho sea de paso, por petición mía, mi entrañable amigo el escultor, José Mª Palma, regaló al Ayuntamiento de Cártama "La musa" (estatuilla de madera que hizo ex profeso para el Certamen de Rapsodas Internacional para  regalo físico a cada interviniente, aparte del premio en metálico a los ganadores.  Muchos beneficios desinteresados he deparado a  lo largo de mi vida a mi Ayuntamiento y jamás he deseado gratitud alguna ni contrapartida por ello. Pero sí me embarga la amargura cuando sufro una insidiosa persecución de la entidad, entre otros a través de su Cronista y amanuense oficial contra mí y mis libros, por el delito de amar a mi pueblo y actuar en consecuencia durante una vida de 84 años.


 Matías Prats fue también un poeta. Como tal hizo sus primeros pinitos literarios. Por ello, al hablar al final de dicha entrevista   de la genial interpretación que nuestro recordado Pepe González  Marín hacía de algunos  poemas de Juan Ramón Jiménez ( pasajes de “ Platero y yo”,    “ La cojita “, “ El niño Pobre”, “ Las carretas” etc ), al citarle, ya en la puerta despidiéndonos, el soneto          “ Octubre” del mismo autor, ambos recordamos y rendimos un último homenaje al amigo lejano en el tiempo y cercano en el recuerdo, Pepe González, recitando al alimón dicho poema.


También Matías Prat  fue un amigo bueno, no un buen amigo; no es lo mismo. 

martes, 15 de septiembre de 2015

A MI CRISTO TERRENAL

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Parábola

         El establo sin heno, aún huele a niño nacido sin semilla de esposo, sin espasmos de madre, y el buey y el asno en sus  burdos pesebres,  lloran  lágrimas de esclavitud y se sienten huérfanos de milagros.

Vida
        
         El vino dulce de tus saberes --sicología rural-- ya no empapa caletres de las gentes de ahora, que todo lo ignoran y todo creen saber y viven soñando que son dioses para lo que  Dios les estorba. No  encuentran, empero, el camino y la senda  de luz y verdad que Tú indicaste para hallar el destino.

Triunfo

         Aquel Procurador de Judea, que en Cartima (cuna de su mujer Claudia) muriera según leyenda ancestral, te hizo un enorme favor: lavar sus manos y obsequiarte un labrado árbol  para erigirte en Dios. Y nosotros, los hombres, como dioses  enanos  seguimos nuestra lucha contra el cielo insondable que Tú prometiste.

Dolor

         Rabí, me duele el alma de hijo de la tierra, cuando pienso que   ineptos políticos, disidentes del humanismo, quieren ocupar tu lugar, y silenciando tu nombre, manipulan a una chusma de vagos anormales y alienados.

  Invocación

         Es necesario, ¡Cristo de veredas y huertos getsemánicos...!, que vengas otra vez, alzado  el ademán, fustigando iracundo al  tropel  de “erenianos” (ERE), de  corruptos y de desalmados mataniños (“dejad que los niños se acerquen a Mí”) en los vientres maternos tal Herodes feroces y crueles.

         Ven.  Cambia este sistema explotador que existe, por el que triunfan los ricos más ricos, y el pobre siempre está triste, y..., el justo, siempre es derrotado. Yo lo se.


         ¡Ven!..., te prometemos otra cruz. Judas que te vendan aún existen...

EL ABUELO “CANITO”





 NOTA PREVIA.  Este relato se incluye en mi libro, "Ecos de la Alhóndiga",

                                                                 ***                                                                                                                         
           
            Tuvo el abuelo “Canito” diez hijos; ocho hembras y dos varones, entre aquellas, mi madre, Francisca. Unos habían nacido en Cártama (Estación de Rubira), y el resto en el histórico Cortijo,  “El Convento”, cercano al  casco urbano de Alhaurinejo.

            Un día de principios de julio del fatídico año 1.936, el abuelo “Canito” se desplazó a lomos de su burra  desde “El Convento” a Cártama para ver  a su hija, Paca, mi madre, y a sus dos nietos. Al siguiente día, entrada la media tarde buscando las frescas, retornó llevando consigo a su nieto  y, a la nieta, con tres. A ésta la llevaba  ante sí, y al nieto a la grupa trincado a su  cintura, "para que cambien de aguas y no estén tan canijos", arguyó la madre.

            Desde el “mercado”,   en donde el Cristino tenía las caleras, emprendimos el regreso por  la cuesta “Colorá” y el Lagar   “Rosso” para, a la altura del Cerro de la Silla,  embocar de lleno en el camino que a través de la Sierra de las Viñas lleva al “Convento”.

            La Sierra de las Viñas constituye una dilatada campiña de suaves montes, en cuyas laderas labrantías los viñeros sembraban, asociado  a los árboles de frutos secos,   pegujales de subsistencia: habas, chícharos, altramuces  (“chochos” les llaman los laurinos), yeros, arbejas, etc.,  si la otoñada era abundante en lluvias tempranas. En cuanto arboleda, se mezclan algarrobos, encinas,  almendros, higueras, olivos  y, las pencas chumberas  que daban, y darán,  los mejores chumbos de la provincia, pregonados en los amaneceres estivales por el “Rubio de la Puilla”:

            “¡Anden a los gordos y reondos,
              a los chumbos, dulces y mauros...!”

            Ondulada y acogedora campiña serrana, tachonada de cerros y alcores de lujuriantes tonalidades, que asientan  sus confines en redondos visos por arriba y  umbrosas cañadas  por abajo,   en las que aflora alguna que otra humilde fuentecilla de muy parco caudal, abrevadero de la abundante fauna de pelo y pluma y, aplacan la sed  de los esquilmeros;  tierra en fin, de pan comer. Cañadas,   donde tienen su húmedo hábitat las zarzamoras de negros frutos,  adelfas,  jaras y retamas.

            La voz del silencio entraba por todos los poros; se acentuaba con el parloteo de los pájaros, el regaño en lontananza del cabrero a la piara y el titilar de las esquilas, el torvo grajeo del ave carroñera por el Cerro de la Umbría. Cuando menos se esperaba, un negro mirlo  de pico amarillo saltaba raudo de algún zarzal cercano al camino, haciendo con su agudo chirriar  que la burra echase hacia delante las orejas, como buscando mayor amplitud auditiva y  valorar el pajeado. En un momento dado, la perdiz madre seguida de una banda de perdigones de segunda postura,   cruzaba el camino a velocidad increíble, mientras el pájaro macho piñoneaba en el viso del alcor próximo para orientar a la prole.

            Campos que  se hacen gozosos a los sentidos que lo acechan todo, lo captan todo; campos que, por contra,    en lo material son cicateros al pagar en plusvalías  los sudores y sacrificios de los abnegados viñeros. ¿Cómo ellos no tienen en Cártama una calle llamada de  “Viñeros” o, “Esquilmeros”?. No poco han contribuido a la noble nombradía de nuestro pueblo por todos los rincones  de habla hispana de aquende y allende el mar,  el “poeta de la raza”, Salvador Rueda, que cantó,  con los boquerones y biznagas de Málaga, los chumbos de nuestros montes;  remedando al pregonero de ellos en su inmortal poema “Pregones malagueños”, apuntaba:

            “Llevo los buenos chumbos,
              redondos ¡y qué pajizos..!.

            Cuántas veces le oí a nuestro paisano, Pepe González Marín, haciendo patria chica, recitar estos pregones... Escuchen ustedes, amigos lectores, estos pregones en la voz del insigne rapsoda, honra y prez de nuestro pueblo; hay reproducciones, más o menos fieles en cuanto a la voz, de ellos.

            Pero volvamos al abuelo “Canito”. Ya a medio camino la nietecilla le dice:

            --Abuelo hambre...
            --Y el niño: Abuelo yo también
            --¿Tenéis hambre, hijos míos? Yo os voy a dar una sabrosa merienda.

            Echó el abuelo pie a tierra, ató la burra a un matojo y, presto, cogió higos verdejos y partió con dos piedras almendras de los árboles que daban al camino, y en el corazón de cada higo dulce hincó una pipa de almendra. Cómo saborearon sus nietos aquella exquisita merienda. “Venga, no comer más que os puede dar diarreas...! Vámonos.

            --Abuelo, agua, dijo la nieta y, el nieto, yo también abuelo...

            --Mirad aquellos esquilmeros       que están a la puerta de su choza, en cuanto lleguemos a su altura os dará agua..¡Arre burra...!

            La esquilmera deslizó dulcemente:

            --Bonitos, ¿queréis beber...? ¿Queréis mejor leche recién ordeñada de aquella  cabra  que ramonea  con su chivito...?

            Del cacito que había en un poyete dentro de la choza, dio un jarrillo de leche a cada niño.

            Seguimos el camino sinuoso y largo pleno de olores de hierbas serranas.

            --Abuelo tengo sueño...

            --Para espantar el sueño yo te canto una bonita canción:

            Me gusta mi nieta
           Y olé,
           Con sus  cabellos rizados
           Y olé.
            Parece una paloma
            Y olé,
            De aquellas que van volando (¿las veis?)

            --Ya mismo llegamos al Convento, y allí vais a dormir como ángeles y mañana, la abuela os dará a desayunar arrope hecho con higos cocidos  y trocitos de  membrillos y batatas, y también  torrijas... ¡Arre burra, que se hace noche...!