
Nuestra Concejala de cultura, que dicen es muy escribía y leía debiera haber ilustrado a sus colegas ediles para evitar tan llamativa pifia. ¡Ay, mi querida Rosa, las más chicas se van y las más grandes se escapan! Y, nuestro garrido alcalde empeoró el entuerto filológico cuando explicó con osadía suma al auditorio que el nombre es una mezcla de púnico y romano. Nebrija, comparado con este cotarro, es una mona tití. Mi querida Rosa, ¡cuantos marrones te estarás tragando!