Cuando como ampliación a un comentario en el bloks de la Asociación, Amigos del Museo (o lo que sea si alguna vez se hace) que ha colgado el Cronista Oficial de la Villa, el ínclito Fernando Bravo Conejo, referido al "paseo" que el 20 de agosto (no el 27 como expresa el tal cronista) le dieron previo a su asesinato por los del Frente Popular a un vecino de esta localidad, yo hice un mero comentario para dar a conocer que en el mismo coche y asiento trasero llevaban también a mi padre bueno, que con la ayuda de Dios logró soltarse las manos amarradas a las espaldas y, al abrirle la puerta para que saliera y le dijeran, "venga Frasquito Talento (bracero de un cortijo ganando diez reales de sol a sol) que eres más alto que un chopo y te vamos a cortar por la cepa a tiros", abrió los brazos, le dio una patada en los huevos a quien tal le dijo y, aprovechando la sorpresa escapó perseguido por once bocas de fuego durante 2 kilómetros sin que por milagro le tocara una sola bala. Uno más de los miles de sucesos que abundan en la literatura temática.
Pues bien, el equipo de censura institucional (más franquistas que Franco) de la Asociación de Amigos del Museo (o lo que sea) siguiendo su norma ha prohibido y rechazado este intrahistórico e ideológicamente aseptico comentario. (Lean el Art. 20 de la Const.)
¿La razón? Es obvia: Estos macanditos de la arquelogía censuran todo aquello que sobre su ya ya discutida actividad arqueloógica no sea opinion laudatoria de lameculos, pelotas, apasturados agradecidos, melifluas tocayas, palmeros ad hoc, apologetas indigentes intelectuales como ellos, embelecos, ditirámbicos del ciezo, enaltecedores de los vulgar y tópico, jabonadores, camelosos, adulación grasienta, aleluyeros laicos, hipócritas falsarios, engatusadores y...paremos ya. Yo ya tengo todo el pescado vendido y no admito vejaciones injustas. Me la juego en tal caso. óiganme.
Sepan los tales y los cuales que a mi padre no se me ofende ni nadea impunemente.HE DICHO
un tío
miércoles, 14 de junio de 2017
OBJECCIONES A LAS PROSPECCIONES ARQUEOLÓGICAS CARTAMITANAS
Entre las personas sensibilizadas con las prospecciones arqueológicas de Cártama, ha cundido la alarma al saberse la opinión que, al respecto, han manifestado varios técnicos de Málaga sobre este proyecto faraónico de Cártama, que ya lleva consumidos 12 años de onerosa prospección sin que nadie conozca el montante de las inversiones en este proyecto, cuyos fines, racionalidad, objetivos últimos, inadecuado local museo, etc, califican los aludidos técnicos consultados de irracionales, oscuros y desproporcionados.
Por algo en el bloks de la Asociación de Amigos del Museo se borra matemáticamente, a despecho de la libertad de expresión que protege la Constitución, toda opinión que no conlleve adulación, cobeo y ensalzamiento de los culteranos a la violeta que manipular este negocio arqueológico "carthamitano" y, todo aquel que no someta su opinión a tales espurios no es "buen cartameño" y "va contra el pueblo"...
SUSCEPTIBLE DE MAYOR COMENTARIO, CUYO DERECHO SE RESERVA ESTA PARTE EN DERECHO Y EQUIDAD.
martes, 6 de junio de 2017
AMOR EN LA PARADA DE SEMENTALES
(De mi nuevo
libro, terminado y pendiente de editar, “Ecos de la Alhóndiga”)
450 páginas con 100 relatos análogos
===
Era el “tío Bernardo”
dueño de una pequeña labor con cuatro fanegas
de regadíos segregadas del Cortijo de la Alhóndiga en plena
ribera del Guadalhorce; finca antes llamada de Bracho, al que Bernardo la compró con pagos fraccionados en
plazos.
Lindaba
con la
acequia del Barullo por el trozo de ésta llamado “Atraque de La mimbres”
por el sur y, el resto en cuadro con la finca matriz. La acequia toma sus aguas en represa ad hoc en el cauce del
río Guadalhorce, que riega una dilatada vega
en un recorrido de cómo tres
leguas.
En una
pequeña meseta junto a la
acequia, a salvo de las avenidas del voltario río Guadalhorce se alza la
casa-vivienda: Planta baja con trojes para
granos, alacenas, trastero de aperos,
amplia cocina con horno de leña para
cocer el pan casero amasado a puño, comedor y, paremos de contar. Planta alta dedicada a dormitorios. La entrada la tenía mirando a sol
naciente, al pueblo y, por ende, a la Ermita de la Virgen de Los Remedios que
parece levitar sobre aquel; ante la puerta un amplio porche empedrado, rodeado de un poyo de obra y sombrado durante
las canículas con una tupida parra de uvas negras gaspacheras. En definitiva,
una típica y acogedora casa de pequeña labor guadalhorceña.
En el patio interior (siempre todo a
mano) un gallinero con nutrida parva de aves de corral a las que cada mañana se les abría la trampilla de entrada y salida a las
gallinas para que durante el día campearan y se alimentaran n, ahorrando así
granos, de insectos y semillas.
Adosados al lateral Este, el “tinao” y la cuadra. Y,
como a 10 metros ,
las corraletas para ganado de cerda que aprovechan los desperdicios de huerta y
domésticos, lo que supone un complemento
en las eternamente raquíticas rentas del campo.
Una
vez por semana pasaba por “Lo Bracho”
(que así le llamaban la la gente del pueblo a la explotación del “tío
Bernardo”) el recovero en su bestia con
serón de recoba; era quien suministraba a la familia toda clase de ropas, tejidos y
otros enseres, desde agujas de costura e
hilos a unas tijeras; hacía el cobro en especies: pollos, huevos, cereales,
gallinas viejas que solía vender a buen
precio para caldos a parturientas para mayor abundancia de leche que tenía
sentido en aquellos tiempos de ralas
comidas., etc. De tal manera Elena gozaba de un
nutrido ropero y, la casa, a más de limpia como el jaspe, sin penuria ni falta
alguna; clásica economía doméstica de la
gente del campo del enorme diseminado rural de entonces que cobijaba a la mitad
del censo del municipio de Cártama.
En
la fecha de que hablamos, Bernardo era ya viudo; su esposa había muerto del “dolor miserere” (apendicitis pasada), dejándole tres hijos: dos
varones y la hija menor llamada, como
apunté antes, Elena.
El
buen padre, de rostro curtido, enjuto y
circunspecto, seguía sintiendo tristeza por la ausencia de su esposa. Fue enseñando a sus hijos por las noches antes de
la duerma, y a la luz de un carburo, cuanto él había sabido en las escuelas nocturnas tras dar de mano de sus faenas, como también, que
no es poco, lo aprendido en la dura
brega con la vida y con la áspera tierra; el ratio de analfabetismo nacional rozaba en
estas datas el 75% de la población, cosa
no incompatible con la profunda cultura empírica adquirida por los
labriegos en su lucha con la tierra tan exigente en esfuerzos humano en tajos, besanas,
cavas, binas y otras faenas siempre duras. Sabían aquellos hombres de antaño deducir lluvias y sequía a través de las
cabañuelas, de las fases de la luna
adecuaban las siembras, del cerco de la
luna colegían si llovería pronto o no,
y de la altura del lucero miguero en el cielo la hora de pasturar el ganado y de llevar a
cabo el inicio de otras faenas, etc.etc.
Un
día, en una de aquellas terribles glebas militares para luchar contra “el
moro” en África, fueron movilizados
los hijos
varones del “tío Bernardo” y, como
tantos otros, jamás regresaron. El pobre labriego se sumió en la más punzante
e inextinguible tristeza; vivió por y para su hija que iba creciendo y madurando plena de
vitalidad.
Elena, ya núbil, era una de las mozas más agraciada y celebrada del entorno; también
imprescindible ayuda de su ya viejo
padre en las tareas labriegas, amén de mantener el hogar ordenado y limpio como un templo y
preparar a diario la comida.
Como
el de todos los años, aquel verano se
alojó en las dependencias ganaderas del cercano Cortijo de la Alhóndiga , la parada de
sementales a la que los labradores llevaban sus yeguas y burras para
que las cubriera el semental correspondiente con garantías de pedigree.
El
día que le tocó el turno a la yegua de su labor, Bernardo se sentía indispuesto y encomendó a su hija que ella
la llevara al macho. Este año
quería que la cubriera el borrico garañón a fin de que, llegado el día, pariera
un mulo con el que renovar, en su tiempo, la yunta de
labor.
El
menestral de la parada era un fornido y bien parecido mozo, poco mayor que la zagala.
Aunque
avezada en toda clase de actividades agroganaderas propias de la comarca, el
ayudar al acto de cubrición de la yegua
fue para ella una insólita experiencia; la vivencia le despertó
instantáneamente emociones desconocidas;
suscitaron en Elena sensaciones de vida nunca sentidas.
No
le pasaban desapercibidas las intensas miradas
que a toda su anatomía dedicaba el guapo mozo. De pronto, experimentó las naturales apetencias de su condición de
mujer en todos sus grados.
Por
imperativa orden interior corrió al
tinado y por una escalera de vareo subió al henil, tumbándose en los muelles pajotes de pasto
seco. Al verla el joven desnuda en toda su gloriosa anatomía de miríficas
curvas, ahuecado el vientre y sus hermosas piernas
haciendo uve, quedó petrificado.
Quedamente,
en un leve susurro, la diosa carnal le dijo:
--Vente a mí, tómame...
Sus
ojos eran sombras en canícula férvidos de deseos y apremios inaplazables;
sintió que su seno era regado por hilos de nieve tibia.
Con
voz ronca como la campiña del contorno dio un grito cual codorniz entre bledos
y, saciada de infinito, musitó:
--
¡Que dulce...Ya soy tuya amor...!
--Y yo tuyo.... Mañana al trasponer el sol nos vemos
en el atraque, bajo la mimbre de la acequia.
Cuando
el sol teñía el cielo por poniente con candilazos de fuego, la niña retornó al
hogar con la yegua de reata cogida de las bridas. Sentía que algo nuevo había nacido en
su seno aquella tarde luminosa. A los
dos meses dijo de sopetón a su padre:
--Padre, voy a tener un hijo
--Del mozo de la parada ¿verdad hija...? Y él qué dice...
--Los paseos que doy todas las tardes estoy con él y quiere
casarse conmigo...
--¡Gran Dios, gracias; la guerra me quitó dos hijos y Tú me
los devuelve asina...Gracias, Dios, puedo morir tranquilo!.
jueves, 1 de junio de 2017
miércoles, 31 de mayo de 2017
MÁS CON MOTIVO DEL 61 ANIVERSARIO DE SU MUERTE
Dedicado a mi querido amigo, D. Rafael Dupouy y familia, de Caracas (Venezuela).
Con el eminente escritor, poeta, conferenciante...Felipe Sassones ante el público de Lima el día que fue presentada la Virgen de Los Remedios y su juglar al debutar ante el público limeño. Sassones es el autor de un artículo con referencia a la Virgen de los Remedios que inserto en mi entrega anterior en este medio.
Homenaje de los intelectuales a Manolete en Madrid entre los que encontraba, y recitó, José González Marín, amigo del torero y de los asistentes al acto.
Homenaje en 1-.934 de los poetas e intelectuales de Madrid en el que con el rapsoda de Málaga actuó la genial Pastora Imperio, esposa de Rafael El Gallo..
Cuando se supo en Cártama que la imagen de su Patrona la tenía en América González Marín. ¡Cuanta historia referida al rapsoda queda aún por contar!
Reseña sobre González Marín en Caracas (Venezuela) en 1.937
martes, 30 de mayo de 2017
A DON PABLO REBOLLAR
Estimado
amigo: Por mi torpeza con los aparatos y
resortes informáticos, hasta hoy no he leído sendos y largos escritos que me ha dirigido por conducto personal, creo que por Meseguer; soy, ya digo, casi lego
en el manejo de estos aparatos modernos.
El no haber acusado
recibo antes no ha sido, pues, falta de
atención por mi parte. Dios me libre.
Me es
imposible entrar en materia sobre lo que me reprocha, pues ignoro que artículo mío de mi blogs ha podido herir sentimientos que le ha movido a tan extensa catilinaria y el implícito anuncio
de que no me volverá a leer. Lo siento por mí, ya que no es agradable perder un
lector tan inteligente que tanto valoro y que, por otro lado, tanto escasean.
De todos
modos, amigo Pablo, todo esto son malos entendidos que siempre los pare un ratón. Por eso, mi amigo, el día que nos veamos
te seguiré saludando con el mismo afecto
de siempre; espero que sea pronto, ¿cómo va la “lokura” del puente? Os sigo en vuestras fotos.
Un abrazo.
lunes, 29 de mayo de 2017
“¡NARDO AZUL, CLAVEL PURO...!” (24-5-2.016)
Hasta muy entrado el siglo XX, todo el
tránsito de carros, carretas, recuas y gente de arriería --después camionetas y
camiones--, que transportaban frutas y productos del agro de los municipios circundantes (Guaro, Monda, Alhaurín el Grande
y Coín) hacia los mercados de Málaga ó, a la Estación de Ferrocarril de Cártama para su
remitencia a los del interior, pasaban
necesariamente por la calle de la Carrera (desde 1.935, de
González Marín) de aquesta villa.
Debido a ello, y a ser Cártama lugar
que aún conservaba reminiscencias de su enjundioso devenir
pretérito, amén de punto intermedio del antes referido trayecto, existían en dicha calle de la Carrera varios albergues
hosteleros en consonancia con la época: una fonda
y dos posadas, que yo recuerde
directamente o por los ecos de la tradición oral.
Según
las anotaciones del viajero inglés, Richard Ford, en su libro, “Las cosas de España”, la diferencia
entre unas y otras estribaba en que, en las fondas,
sólo se solía dar hospedaje a las personas, bien en tránsito o estables que
arribaban a Cártama en las diligencias., tartanas y posteriormente en el autobús de línea ó, partir del segundo tercio
del siglo XIX, en el tren; las posadas, empero, contaban además con tinados y cuadras ad hoc para transeúntes a la jineta o en carruajes tirados
por bestias. También solían tener éstas un gran patio bordeado de bardas de adobe en el que se resguardaba de
cacos, ladrones y salteadores (en todos
tiempos cocieron habas) las cargas de carros y carretas de travesía.
Y, amén de las posadas, eran famosas y sumamente
pintorescas y románticas, las ventas.
Fueron célebres la llamada, Venta de Cártama, cabe la hoy conocida finca, o cortijo, Ratón, entre Cártama Estación y Pizarra, a pocos metros de
la cinta del Guadalhorce, camino de rodaderas y herraduras, después carretera,
por medio.
Más cercana en el tiempo, tenemos Venta Romero, en el mismísimo comedio del camino que une Cártama (pueblo) a Estación. Al no existir
entonces puentes sobre el lecho del río, en ambas existían sendas barcas sobre la que cruzaban el cauce
fluvial cuando el río iba crecido y era imposible vadearlo, personas, bestias y
carros. Esta barca del vado de Venta Romero, era explotada por Frasquito
Talento (abuelo paterno de quien esto escribe y por quien se llama Francisco),
pegujalero en medianerías y barquero del río que lo fue de leyenda como resultas de
su azarosa vida, que tuvo 13 hijos e hijas y a todos, él mismo, enseñó a rezar,
leer, escribir y las cuatro reglas. Por las noche, a la luz de un carburo les
leía novelas por entrega tras lo que rezaban y a la cama, para, a las claritas
del día, darse cada uno a su correspondiente faena en el campo.
En las ventas se “ponía
de comer” un limitado menú de contundentes
guisos de garbanzos, habichuelas,
lentejas y las consabidas sopas de
tomates o, de “cardoponcima”, cuando no lo era a base de las socorridas papas de la tierra; alguna
que otra vez, carnes, por lo general de caza, tan abundante entonces por las campiñas y serrijones circundantes, igual de pelo que de pluma. Tales
condumios se servían en una amplia mesa
de amplios y bastos tablones sobre trípodes
de la misma materia. Durante el yantar, siempre haraganeaban, rabos
enhiestos arqueados hacia el lomo, los
gatos de la casa, atentos al trinque de
los huesos y sobraduras de las pitanzas que los comensales solían ir tirando al
suelo. Por los rincones, tendidos en el empedrado de la solería, dormitaban los
mastines nocturnos guardianes de la venta
y, de la pared colgaban trabucos que pasado el tiempo fueron escopetas "zarasquetas" de uno o dos cañones. Cuando
al transeúnte no le sobraban los haberes contantes solía comer del contenido de
sus alforjas, bien al abrigo de la enorme lar chimenea, si era invierno, ó, a la sombra de la tupida parra, si verano. Pero, sobre todo, y
ello era la mayor diferencia de las ventas
y ventorrillos con las fondas
y posadas, mientras éstas solían
estar dentro o junto a los cascos urbanos, aquellas (os) lo estaban junto a
los largos caminos que comunicaban unos pueblos con otros.
Me permito extenderme en tan
minuciosos detalles para que usted, caro
lector, si no alcanzó a conocer siquiera
de oídas esta época, se haga una somera idea de cómo eran los usos y costumbres de aquel entonces, que hoy se
nos antojarían, si no invisibles, sí pintorescos y románticos en comparación con el holgado bienestar a que nos hemos habituado. ¿Quién aceptaría
hoy caminar leguas y leguas sobre un rucio
aparejado, o dormir sobre un colchón relleno de rasposos sayos de mazorcas de
maíz o de crin de palmas tirado al suelo, cuando no sobre el mismo jato o serón
de esparto de una cabalgadura?
La
primera posada en calle La Carrera (hoy González
Marín) viniendo de Coín, Alhaurín y
pueblos próximos a ellos, era la llamada, “Posada
de Doña”, ubicada en el nº 70, esquina
de la calle que emboca en el Molino de las Peñuelas, entonces molino de pienso y a la vez taller de elaboración de zarzos y cañizos de cañaveras, tan abundantes en las
márgenes de ríos, acequias, almatriches y arroyos de este municipio. En las dependencias de esta posada,
siempre había una yunta de toros uncidas preparadas para encuartar rápidamente a los carros y
otros medios de transportes de la época, que solían atascarse en invierno en el llamado Hoyo de Espartero
(un trozo de la calle Carrera), porque, al ser terriza y llovía como lo hacía
antes, los carruajes se atascaban en
muchas ocasiones hasta los mismísimos boquinete o, simplemente no podía subir
la cuesta de este trozo lo que también requería encuarta.
Otra, en época posterior, era la Posada de Cuartero, sita en la casa que hoy es
Cuartel de la Guardia Civil , e igual
que la anterior, tenía su cuadra y una capacidad de hospedaje adecuado a la
época.
La fonda, y al mismo tiempo taberna, se llamada “Del Coíno”, sita en el nº 48 de Calle González Marín. Después, cuando
éste murió, la regentó su viuda, la señora Antonia (“La coina”), que así fue llamada: “Fonda bar de la Coína ”.
Constaba en su parte baja, amén del mostrador y mesas de madera con filos de
espárragos de madera para que no cayeran al suelo las fichas de dominó; de una
enorme mesa de billar de carambolas, que
era la única del pueblo En la izquierda,
conforme se entra, separada del resto del salón con un tabique de madera con ventanilla por la que se despachaban los billetes de la diligencia,
después tartana y, por último, autobús Cártama-Málaga y viceversa, que explotaba la empresa Mitjana con parada enfrente de la fonda. Al fondo del salón había una
puerta que daba a una amplia sala, reservada para tratos de fincas, compraventa
de frutos, ganados, etc. entre labradores
y marchantes. En los años cuarenta, esta sala fue alquilada por un
practicante que puso en ella su consulta, venido de Melilla en donde fue
teniente del ejército y, a cuyas órdenes, en 1.936 una compañía de regulares conquistó
para el bando nacional el célebre cañonero, Dato. ¡Cuantas veces le escuché
contar en tertulias celebradas en casa, peripecias castrenses del día del
alzamiento en Marruecos en la que fue protagonista obligado!
En el piso superior, con techo de
madera y vigas vistas, estaban los dormitorios, que eran acotaciones con
tabiques a media altura, de tal guisa que, cualquier evento de un parroquiano
era oído por el vecino.
En una época ya más cercana, sobre
los años cincuenta, al hacerse mayor Antonia la Coina , se quedaba sólo con la pernocta en el piso superior, y alquilaba
el bar. En una ocasión se lo alquiló a
los vecinos de Cártama, Pepe Moyano y Juan de las Cabrerizas, gente de buen
humor, siempre prontos a embromar al más pintado. A propósito de ello no me resisto a contar un
suceso que presencié cuando explotaban el bar los antes dichos:
Una soleada mañana invernal, cuando
ambos taberneros limpiaban los vasos
para tenerlos listos a la hora del vino, como siempre, con un brazo en el
mostrador olismeando lo que ellos hacían, estaba el motejado (a saber por qué) “Pepito
que me troncho” que, como siempre, no hacía otra cosa que olismear y
murmurar. “A este
tío no nos lo quitamos de encima ni con zotal”, argüían entre sí los taberneros
Pepe y Juan, cuando, de sopetón, les
llega el pregón del vendedor de artículos
de belleza: “Mocitas y mocitos, llevo
colonia añeja, aroma de oriente, nardo
azul, brillantina clavel puro...” Los taberneros cruzaron una furtiva mirada y fue Juan de las Cabrerizas el que
propuso: “Hombre..., Pepito, que se nos ha echado el tiempo encima
y no podemos salir nosotros..., por favor asómate a la puerta y pregúntale al
tío de los perfumes a como lleva esa brillantina pa el culo que pregona, a ver si
me alivia estas almorranas que me están
matando...”
“Pepito
que me troncho” lo dudó un poco, pero, Juan le apremió: “¡Venga hombre que se va el tío!; ¿es que no
eres capaz de hacer un favor a un amigo...?. Desde el cuadro
exterior de la puerta, “Pepito que me troncho”, interpeló al
vendedor ambulante de esta guisa: “¡¡¡Ehhh, el de las colonias..!!! ¿A cómo
lleva usted la brillantina pa el culo...?!” Al vendedor, aunque llevaba
20 años en el oficio y había tratado con gente de toda laya y tenía más tela cortada que la tijera del sastre de
los Cardiales, aquella pregunta a voz en grito le dejó un tanto descolocado, y
más cuando en la esquina próxima llamada del Pilita había un montón de gente
tomando el sol, que ya estaba expectante a ver en que terminaba el singular suceso.
De pronto, le vino la inspiración al
vendedor, quien ni corto ni perezoso, en un segundo voceó la siguiente
respuesta al majara (o lo que fuera)
interpelante:
“¡¡
Hombre..., con perdón, eso depende de lo maricón del culo que sea usted...!!”
La congruente contestación del vendedor, suscitó las unánimes y estentóreas
carcajadas de las gentes que presenciaban la escena, mientras “Pepito
que me troncho”, se quejaba a los socios: “¡Cabrones ¿por qué me habéis hecho esta putada?...” .
Este que suscribe, presenció el
singular suceso, mientras echaba una partida de billar con el hijo mayor del
entonces célebre cómico que actuaba en Cártama con su compañía, y de cuyo hijo
mayor, digo, yo era buen amigo. “Por mis mulas que esto lo parodio yo en el
escenario..., ¡ojú, ojú, ojú, si no lo veo no lo creo...”
Mientras tanto, de lontananza
llegaba al bar el eco del pregón del “tío
de los perfumes”: “Niñas y jóvenes: nardo azul, colonia añeja, aceite inglés (bichito que
toca muerto es), flor de blasón, ¡¡¡brillantina
¡clavel puro, clavel puro, claveeeel...!!!”
DOLOR CÍVICO DE ESPAÑA Y SUS PUEBLOS

Da dolor, que es sufrir,
La indiferencia glacial
Del pueblo que se adocena,
Y confía a cucañeros
Parcelas de su existir.
Da dolor, que es sufrir,
Ver al pueblo subsistir
Nutrido siempre de errores
Según le hacen creer
Arribistas y vividores.
Da dolor, que es sufrir,
Ver a la gente asentir
Confiadas en el decir
De vulgares embaucadores.
Da dolor, da dolor,
Lo
que está ocurriendo aquí.
23 DE ABRIL, GLORIOSA EFEMÉRIDES DE CÁRTAMA
Con
inevitables remembranzas de aquellas ferias
de niñez y juventud, e incluso de no hace mas de 40 años, han pasado
hogaño las fiestas feriales de Cártama; las dos que habían. De aquellas ferias
de abril y septiembre, que aglutinaban
en gozo popular a todas las clases
sociales en fruición devota a la
Reina celestial, Nuestra Srª de los Remedios, Patrona de la Villa , cuya festividad se inició por siempre jamás, y así continua,
la trágica data del 23 de abril del año 1.579, cuando una letal epidemia de
peste diezmaba la población y, la Virgen , sacada en procesión de rogativa por las calles
de Cártama por el itinerario que aún cada año sigue, según las crónicas, la
cortó.
Su
advenimiento, empero, como Patrona, fue el
26 de abril de 1.485, recién tomada la plaza a los moros por las huestes de los
Reyes Católicos. Al principio, se le dio culto bajo la advocación de Virgen de
los Reyes (era la imagen a la que los propios monarcas rezaban en la capillita
de su tienda de campaña). Sin embargo,
el pueblo, en virtud de la ubicación de su Santuario y de una leyenda
ancestral, rompió en llamarla, Virgen
del Monte, hasta que, tras la realización del milagro de la peste antes
invocado, por indicación de los monjes trinitarios que se distinguieron en la
atención a los enfermos de
pestilencia, se le puso de Los Remedios,
que era, y es precisamente, la
Patrona de la
Orden Trinitaria.
En aquellos lejanos siglos, los
troveros y juglares le dedicaban rendidas endechas de devoción, algunas de
ellas transmitidas de generación en generación
tomadas de los poetas iniciáticos del Mester de Clarecía.
Del
Marqués de Santillana, transcribo a continuación algunas estrofas de una de sus
cantigas a la Virgen ,
que tantas veces a lo largo de los
siglos nuestros devotos antepasados dedicarían a su Patrona.
“Santa Virgen escogida.
de Dios
Madre muy amada,
en los cielos ensalzada.
del mundo
salud e vida.
Del mundo
salud e vida,
de muerte
destruimiento,
de gracia llena cumplida
de
cuitados salvamento...
Grand fianza he yo en ti, Sennora:
La mi
esperanza en ti es toda hora,
de
tribulación sin tardanza
venme
librar agora.
Estrella del mar, puerto de folgura,
de
dolor complido et de tristura
venme
librar et conortar,
Señora del altura.
Como
ya se ha dicho, siempre siguió el mismo itinerario desde el año 1.579. Con los
primeros claros del día empezaba la animación.
No existía carretera, camino vecinal o simple trocha o veredilla sin
invadir por la avalancha de romeros. De toda la comarca, de todos los pueblos de
la provincia, de toda la costa malagueña y de la propia capital, acudían
familias completas impulsadas por la fe mariana, a dar gracias a Ella por
alguna merced recibida o a implorar otra.
Nadie
venía impulsado más que por su fe trasmitida de padres a hijos sin necesidad de
la sugestiva publicidad. Todo espontaneidad, arranque voluntario, en esta
avalancha de romeros que en la madrugada del 23 de abril empezaba a inundar la
Plaza y la Iglesia
parroquial de Cártama: Trenes especiales, coches, autobuses, caballerías y un
interminable rosario de gentes a pie .
Muy
de mañana se celebrara misa. A las once, un
predicador de verbo elocuente ofrecía el pregón a Nuestra Señora en un
templo abarrotado hasta el más leve espacio de devotos. Millares de velas arden en los quemaderos
atestiguando la fe del pueblo. En la
calle, los bares estaban abarrotados incluidos sus frescos y emparrados patios.
Pintorescos grupos poblaban los alrededores bajo las acogedoras sombras de los
árboles de la parte Sur.
Y
la mayestática procesión entre una intensa luminaria de cirios y velas,
bengalas de fuego morado que eran encendidas al paso de la Virgen desde las casas, y
Miguel Morenito, echando cohetes y encendiendo ruedas tronadoras delante la
celestial Patrona, en medio de dos filas
interminables de gentes silenciosas de todas las clases sociales;
titinean las tulipas de cristal y se estremecen las campanillas del trono.
Esa
es a grandes rasgos la procesión ¿quién
puede describir la intimidad devota de
cada alma, el motivo por el que reza, por el que ofrece exvotos, el motivo por
el que descalzo algunas personas camina su lado... Y, ya a altas horas de la
noche, al conjuro de la marcha real, La Virgen de los Remedios, la Virgen que un día será
peregrina por tierras lejanas de allende el océano, hacía su entrada en el
templo parroquial. Ya sólo queda la nostalgia, y la espera a otro año, y a
otro, y a otro desde siglos pretéritos...
Como
era costumbre generalizada, a la festividad religiosa se les unían
celebraciones agroganaderas relacionadas con los ciclos agrícolas y lúdicos
populares. La feria de ganados de abril en Cártama data, según pragmática del
Rey Felipe II, del año 1.590; esta feria fue, y es, una de las primeras de toda la región andaluza,
y simpre fue de las importantes por la cantidad de ganado que afluían a ella y
el número de transacciones (tratos) que se llevaba a cabo en su transcurso.
El
contorno ferial era indistintamente parcelas lúdicas o Real de la feria, y, mercado de ganados; éste entonces situado en el
barrio que aún se sigue llamando, “El Mercado”. Era el mercado, el reino de la
campechanía al tiempo que de la charlatanería pero, cada trato, era un protocolo notarial,
firmado a perpetuidad con un apretón de mano sellado con la mano del “correor”
impuesta sobre las del comprador y vendedor, que sentenciaba: “El trato está hecho, suyo es el mulo y de
usted el dinero ...” Y aquella ceremonia, para ser de por vida, no necesitaba firma, ni sello, ni visado
y..., ¡anatema social quien se saltada la palabra dada.
Y
aquello era “bendecío” con un buen
calibre de pirriaque seco de Ojen en el sombrajo-cantina de cañaveras del
Guadalhorce, mientras un aficionado al cante del lugar, entonaba con buen
paladar el célebre fandango de Cártama, que ya no se oye cantar:
“Por las trenzas de tu pelo
un canario se subía;
y
se paraba en tu frente
y
en tu boquita bebía
creyendo que era una fuente”
O
aquel otro fandango que compartían Alhaurinejo y Cártama:
“Viva don Antonio Vargas,
alcalde republicano,
lo digo con ilusión,
no he visto alcalde más bueno,
ni con más buen corazón”
Arribaban
al “mercado” una barahúnda de personajes
del mas diverso pelaje y catadura: tratantes, “correores” (payos y gitanos
entremezclados: “pólvora seca”),
marchantes, arreadores de piaras,
gitanos “esquilaores” y...vendedores, vendedores ambulantes a porrillo: de
jáquimas, albardones y aparejos, de varas varias de adelfas, de tarajes, de
sierpes de olivo, bastones de toda medida, algunos de adelfas peladas y
pintadas de vistosos colores para niños y mocitos cursis; todos voceaban, todos
pregonaban sus mercancías, y, de entre todos, sobresalía el pregón del chaval
que en un pirulo vendía el agua que llenaba en el cercano pocillo de
“Gasparillo” (el trompetilla y pregonero del alcalde): “Agua fresca y sabrosa, a gorda la pechá...”
Y
la carrera de un mulo cogido de la jáquima por un gitano mientras otro
restallaba tras él el látigo para espabilarlo a los ojos de presunto
“compraor”, y, un mugir de toros, y un berreo de vacas, un balar de cabras y
ovejas, y el rebuzno encendido de un garañón empalmado al olor de la florida burra
al que la gitanilla dieciochena mira de reojos mientras la madre, que ha pasado
ya por todas, le sugiere: “hija, tráeme la olla que voy a echar los
garbanzos...” “Ya voy má...” Gentes todas dignas de la pluma de un José
Carlos de Luna:
“Te ví a mercar en la feria
un pañolito de taye,
pa que
cuando te lo tersies
jagan
palmas en la caye
Sabe a Canela
el suspirito /
de una mosuela”.
***
...Le lució ser peujalero;
rejuntó
cien peluconas
y
mercó unas treinta yeguas
que él
las yerbea y agosta,
las
marcea y las alambra,
las
manosea y las doma.
Cuando a pan huelen las mieses
y en las eras se amontonan,
Frasco ajusta el pataleo
y
trilla con sus seis cobras
--bordoneando cencerros
las falsetas
dormilonas
de
un lento cante cansino
ansioso de brisa y sombra--...
Ya
se remató la trilla.
ya
no pican las alondras
el
rubio grano en reguero
de
gavillas reventonas...
En relejes de barcina
aletean silenciosas
las
zumayas agoreras,
pardas de polvo y de sombra...
Los grillos
campanilleros
a
humilde rebato tocan...”
***
¡Ay campos de mi niñez,
quien os
pudiera sentir
bajo mis pies como alfombra!..
**
Y Fernando
Villalón:
“El
pájaro Kuki
de todo se entera
y ocultarle algo
no vale la pena.
Anoche Maruja
con un pollo pera
flirteaba un poco
después
de la cena.
Los dos se miraban
(sus
ojos se besan)
--¿En qué piensas, chica?
--En lo que tú piensas...
Y el pájaro Kuki
que
estaba a su vera
contesta: --¡ Cochina!...”
Y... ¡García Lorca1, y Alberti, y Pemán
(¡oh su “Feria de abril en Jerez”!)...
Eran
de llamar la atención los esquiladores, de los que se cuenta y no se acaba;
bajo un árbol bordaban sobre el lomo de cualquier rocín a golpe de tijeras
signos fálicos, flores, trenzas. Otro estaba
especializado en pelar y adornar el cuerpecillo menudo de los perritos “lulú” y
“pequineces” que le llevaban empingorotadas damas.
Garantizando el orden, una pareja de la Benemérita a caballo,
era la representación de todas las virtudes cardinales.
Y
una pléyade de compradores de mayor y menor cuantía; éstos acompañados de sus
mujeres, tesoreras estrictas de sus ahorros, es decir, las que tenían la última palabra en qué y como se
gastaba una perra gorda.
Todo,
y más en un ambiente rural. Los niños, acorde con la época y los medios lúdicos
de aquella cultura enraizada en tradiciones seculares, gozaban de cosas tan
sencillas como unas meras norias de canjilones animadas por los platillos y el
bombo de Joaquín el de las Norias: “Chinchipún,
chinchipún, chinchipún”...y tras una decena de volteretas:--“¿quereis más?” Y la chiquillería que
gritaba “¡Siiiiiii!”, y, Joaquín, con
su bombo: “chinchipún, chinchipún...”
Y, el tren eléctrico en la era de Ramolichi que al pasar por el tunel, el
“demonio” daba con una escoba a los chavales (en este túnel, Juan Díaz “Pitana”
al intentar quitar la escoba al diablo, cayó y las ruedas del tren sobre los
rieles le cortó varios dedos de una mano); y el consabido organillo de manubrio
que ponía dulce y melancólica música y canciones populares en el ambiente
ferial; y el baile en el patio de la Hermandad de Labradores amenizado por una
orquesta que deparaba piezas musicables bailables mientras llevábamos en
nuestros brazos a la chavala de los sueños.
Y
la buena música de la banda de Alozáina, la mejor entonces y más antigua de la
provincia, que durante los tres días feriales, incluido el de la Patrona , iundabaq los
cielos de Cártama. En las casa de familias más pudiente el Ayuntamiento asignaba
uno, o dos, músicos al que debía dar comida y cama, o sea, alojamiento. De esto
hecho se fraguaron auténticas y perdurables
amistades.
En
definitiva, una avalancha de colores hacían de aquellas ferias una exposición
pictórica: banderolas, cadenetas de papeles variopintos colgados a lo largo de
la calle de en medio; carreras de cintas a caballos enjaezados intentaba a
galope prender la cinta bordada por la hembra preferida para que ésta se la
amarrara al brazo o, más cerquita aún de su cara, se la anudara al cuello; y
cucañas, y repique de campanas a la hora de la novena a la Virgen de los Remedios en
cuyo honor se celebraba toda esta parafernalia festiva, y los cochecitos topes,
y las casetas de tiros, y el puesto de golosinas, y, tantos y tantos motivos
feriales que aglutinaban en un solo latir emotivo a un pueblo. Tantas cosas que
el viento se llevó.
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