
Siglos de tradición ininterrupida y seña de identidad cumbre de Cártama con el cerro de su Ermita, estuvo a punto de acabar para siempre en 1.936 dejando a Cártama sumida en un hálito de culpa y barbarie sombría, sin poder explicar el nefasto hecho ante el mundo y a las generaciones posteriores, que tanto siguen amando a su Patrona.
Procede un acto de desagravio de Cártama al genial hijo del terruño que evitó que Cártama, como comunidad cultural y civilizada, fuera hoy un pueblo maldito al asesinar de un tajo CINCO siglos de gloriosa tradición y fruición espiritual, incrustrada en el alma de generaciones y generaciones.
Es algo que debe hacer pensar a todo cartameño bien conformado, tanto nativo como adoptivo: Se es de donde se vive.