DE TI TENGO NOSTALGIA, PADRE MÍO LABRIEGO
En el día del Padre, al mío con eterno amor
Tú, padre bueno,
ha tiempo que con Dios
Te fuiste, y me dejaste
heredero
De una cultura,
empírica, pero enjundiosa y,
De valores plena:
la labriega campesina.
Y el amor al terruño
que te corría por las venas.
Fuiste, como
todos los de tu raza hidalga
Serio, trabajador
incansable y abnegado
En la desigual
brega con la tierra
Para obtener el candeal pan de cada día.
Padre, con tus
manos sembradoras
Obtenías la
divina realidad del trigo
Para amasar la
telera de cada aurora
Con que la
que alimentabas a tus hijos.
Tu alma templaba
el ritmo de la siembra
En la tierra, tal
sagrada hembra
Que te
ahijara espléndidas cosechas
Tu mano castraba
el panal de las abejas
Y conducías el agua de la fresca acequia
Que riega el vientre de la fértil huerta.
Para el campo tenías
corazón de nido,
Y en el campo ponías
la esperanza
De un honrado
porvenir para tus hijos.
En el viejo
monorrimo pueblerino,
Mis primeros versos ensalzabas al vecino:
Se los leías…, me
mirabas… y, sonreías.
Y tu sonrisa
limpia es mi seguro,
Y es mi empeño
convertir tus besos
En rosales de
amor de mi existencia
Tu esperanza era
el buen Dios que regresa
Cada año en los
hilos dorados de la lluvia
Para hacer de
cada surco una promesa.
Tu destino seguir la yunta en la besana,
Despertar con la
alondra a la alborada,
Y atrojar el
grano ya separado de la paja.
Ahora, ya viejo y
circunspecto,
Ahondo en el
fondo de tu alma,
Y de gozo se me
inundan los adentros,
Porque de ti supe
con certeza
Que cada palabra
es una trinchera,
El concepto
honesto un latigazo
Y la verdad, la
mejor bandera y, con tales ofrendas,
Quiero me reciba Dios el día que Él lo diga;
Y, hoy mi
adhesión completa
esos abnegados hombres
que piden
justicia
tirados en las carreteras.