jueves, 6 de junio de 2019

EL GUADALHORCE EN EL “CANCIONERO DE ANTEQUERA”

           
            El Cancionero de Antequera  contiene reediciones poéticas  de varios autores, recopilados entre los años 1.626 y 1.628 por el erudito antequerano, Ignacio Godoy.   La colección completa consta de más de 700 composiciones, de las que Dámaso Alonso publicó una selección en 1950; algunas otras permanecen  sin editar.

            Este Cancionero contiene, entre otras,  una colección de bellos y cultos  sonetos dedicados en distintas épocas al emblemático e histórico Río Guadalhorce. Conocemos unos siete de ellos, con la particularidad de que algunos los escribieron desde América hombres  guadalhorzanos que, no más iniciarse en el siglo XVI la colonización de aquel nuevo continente transoceánico, buscaron nuevos horizontes para sus vidas y haciendas, enrolándose en las huestes colonizadoras que allá marcharon, casi todos para no volver jamás  a la madre patria.

             Eran hijos de los ribereños pueblos guadalhorceños que allá rebautizaban  los villorrios que descubrían habitados por salvajes,  con topónimos de su tierra de nacencia  aquende el océano, cuyo recuerdo les producía una nostalgia casi insufrible, que paliaban cantando en  sentidos poemas  la tierra madre que dejaron atrás para siempre. Así, nos encontramos con ríos llamados Cártama, e, igualmente, ciudades populosas que se llaman también Cártama y que, antes,  fueron aldeas insignificantes pobladas por salvajes   nativos, con los que aquellos  españoles y españolas que allá fueron se ayuntaron en relaciones íntimas creando una raza mestiza nueva que dio a la humanidad cerebros privilegiados en todas las artes y disciplinas del saber; callen ya los “progres” pacotillas de hoy que quieren una nueva y falsa leyenda negra contra la GRAN España de historia inigualable y lean el libro de Vasconcelos; el alusión a ella titulado “La raza cósmica”.

             Río Guadalhorce”, río padre, río que lamió mi cuna de nacencia en su ribera,  al que un guadalhorzano de otrora lo canta pleno de saudade desde el Perú en el Medioevo tardío, con este singular soneto:

                                               “Oye de un hijo tuyo, que en la espalda
                                               del mundo viejo, desterrado, mora,
                                           sagrado GUADALHORCE, el son que llora,
                                               ya que le desterraste de tu falda.

                                               Si acaso por las hojas de esmeralda
                                               que entapizan tu margen, mi pastora
                                               sosegare la planta voladora,
                                               dale en mi nombre la mejor guirnalda.

                                               Dile que en esta ausencia transformado
                                               en su luz fortifico mi memoria,
                                               por no perder el nombre de ser suyo.

                                               Mas, ¡ay!, que si te cebas en la gloria
                                               de sus  ojos, al punto mi cuidado
                                               olvidará y  le darás el tuyo”.

EL ABUELO Y LA VIRGEN DE LOS REMEDIOS

Arriba mi abuelo paterno, y abajo su nieto, quien esto escribe de él  

             Un  lluvioso día de septiembre, Frasquito Talento, mi abuelo paterno    (así le llamaban todos los vecinos del viejo municipio de  Cártama), cargó en un mulo, por cierto  prestado  ---sus bestias las tenían sus hijos en la besana haciéndoles de arar, --- los capachos con  frutos de su huerta cuya venta le urgía  por ser  mercancía  perecedera y llevar tres día cogidos esperando que el temporal amainara.  

              Se encaminó, el abuelo, el mulo cargado y  e´a pie, al mercado de  Málaga para vender sus verduras; al llegar a Zapata e intentar cruzar el Puente del Rey sobre  el Guadalhorce,  este iba crecido por el temporal de lluvias y, su caudal, sobrepasaba el puente en  un cuarto de metro; en su comedio, el mulo metió  uno de sus brazuelos en un boquete que había abierto la corriente,  quedando inmovilizado a merced de los elementos, y  el río cada vez más crecido.  Cuando, aterrado, Frasquito Talento pedía socorro, se le apareció entre las brumas del temporal una mujer enlutada que le dijo: "Arriero tranquilo,  que ya vienen cinco hombres que arrengaban en aquella choza,   para sacarle de su grave  situación”. 

             Llegaron esos cinco hombres de aspecto labriego y, casi en volandas, pusieron al mulo y a Frasquito en la otra orilla del río.


            Cuando  Talento intentó dar las  gracias, ya petaca en mano para echar un cigarro con  sus salvadores, éstos no estaban y, jamás, pese a sus pesquisas y gestiones, pudo saber  quienes eran ellos y  aquella enigmática señora enlutada. 

             Lo que más  alegró a aquel hombre de bien, fue  que salvaran al mulo, pues se lo había prestado  un amigo. ¡¡¡Quietas lágrimas..., cómo recuerdo al abuelo!!!

            Cuando de atardecida volvió a su casa, mientras guardaba el dinero de la venta de los frutos en un “ceretillo-caja” de cogollos de palmas, Frasquito  contó a su mujer, María Vargas Franco, el suceso de aquella mañana


            María,  sobrecogida, envió a sus cinco hijos varones y algún yerno a preguntar y averiguar por los campos de Churriana y Zapata quienes podrían ser aquellos hombres y aquella misteriosa mujer enlutada pero, ni rastro de ellos y, tras un cierto tiempo de comentarios por el pueblo, todo quedó en el más profundo misterio. 

              Rememorando el singular suceso y otros análogos,  se conserva hoy en el museo de la Virgen de los Remedios de la Iglesia Parroquial de Cártama, un dosel para el púlpito que el matrimonio regaló a La Virgen, por los muchos favores que Ésta le hacía  a un matrimonio con 12 hijos.

               El púlpito era una joya de mármol blanco, que a la Virgen regaló el dueño de la Finca Almotaje y, del cortijo Molino Carvajal, Exmo. Sr,  don José Carvajal y Hué, que fuera varias veces ministro.

EL AUTOR EN HUMILDE TAREA CREATIVA


miércoles, 5 de junio de 2019

23 ABRIL GLORIOSA EFEMÉRIDE CARTAMEÑA



           Con inevitables remembranzas de aquellas ferias  de niñez y juventud, e incluso de no hace excesivos años, discurrirán lánguidamente y con saudade de aquellas  de antaño  la fiestas abrileñas de Cártama. De aquellas ferias de abril,  que aglutinaban en gozo  popular a todas las clases sociales  en fruición devota  a la Reina Celestial, Nuestra Srª de los Remedios, Patrona de la Villa, cuya festividad  se inició por siempre jamás, y así continua, la trágica data del 23 de abril del año 1.579, cuando una letal epidemia de peste  diezmaba la población y, la Virgen --hasta entonces Virgen de Los Reyes y, para el pueblo, Virgen del Monte en alusión a la leyenda del pastor que la confundiera con una muñeca-- fue sacada en procesión de rogativa por las calles de Cártama por el itinerario que aún cada año sigue, según las crónicas, y cesó la epidemia. Está en los anales.

            Su advenimiento, empero,  como Patrona, fue el 26 de abril de 1.485, recién tomada la plaza a los moros por las huestes de los Reyes Católicos. Al principio, como dije antes, se le dio culto bajo la advocación de Virgen de los Reyes (era la imagen a la que los propios monarcas rezaban en la capillita de  su tienda de campaña, y a veces llevada en el arzón de su silla de montar, quizás por la Reina Isabel, cual era costumbre en los caballeros cristianos de la época). Sin embargo, el pueblo, en virtud de la ubicación de su Santuario y de una leyenda ancestral,  rompió en llamarla, Virgen del Monte, hasta que, tras la realización del milagro de la peste antes invocado, por indicación de los monjes trinitarios que se distinguieron en la atención  a los enfermos de pestilencia,  se le puso Virgen de Los Remedios, o Remediadora, , que era, y es precisamente, la advocación titular  de la Orden Trinitaria.

               En aquellos lejanos siglos, los troveros y juglares le dedicaban rendidas endechas de devoción, algunas de ellas transmitidas de generación en generación  tomadas de los poetas iniciáticos   del Mester de Clarecía.

            Del Marqués de Santillana, transcribo a continuación algunas estrofas de una de sus cantigas a la Virgen, que tantas veces a  lo largo de los siglos nuestros devotos antepasados dedicarían a su Patrona:

                                    “Santa Virgen escogida.
                                      de Dios Madre muy amada,
                                      en los cielos ensalzada.
                                      del mundo salud e   vida.

                                      Del mundo salud e vida,
                                      de muerte destruimiento,
                                      de gracia llena cumplida
                                      de cuitados salvamento...
                                     
                                      Grand fianza he yo en ti, Sennora:
                                      La mi esperanza en ti es toda hora,
                                           de tribulación sin tardanza
                                               venme librar agora.

                                     Estrella del mar, puerto de folgura,
                                        de dolor complido et de tristura
                                          venme librar et conortar,
                                              Señora del altura. 
           
LA PROCESIÓN DE ENTONCES

            Como ya se ha dicho, siempre siguió el mismo itinerario desde el año 1.579. Con los primeros claros del día empezaba la animación.  No existía carretera, camino vecinal o simple trocha o veredilla sin invadir por  la avalancha de romeros.  De toda la comarca, de todos los pueblos de la provincia, de toda la costa malagueña y de la propia capital, acudían familias completas impulsadas por la fe mariana, a dar gracias a Ella por alguna merced recibida o a implorar remedio para algún mal, petición que en muchos casos tenía una representación física que quedaba expuesta en algún lugar del santuario.

            Nadie venía impulsado más que por su fe trasmitida de padres a hijos sin necesidad de la sugestiva publicidad. Todo espontaneidad, arranque voluntario en esta avalancha de romeros que en la madrugada del 23 de abril empezaba a inundar la Plaza  y la Iglesia parroquial de Cártama: Trenes especiales, coches, autobuses, caballerías y un interminable rosario de gentes a pie convergía a celebrar a la Patrona el día de su festividad mayor.

            Muy de mañana se celebrara misa. A las once, un  predicador de verbo elocuente ofrecía el pregón a Nuestra Señora en un templo abarrotado de devotos  hasta el más leve espacio.  Millares de velas ardían y arden  en los quemaderos, atestiguando  la fe del pueblo. En la calle, los bares estaban abarrotados así como los entonces frescos y emparrados patios. Pintorescos grupos poblaban los alrededores bajo las acogedoras sombras de los árboles de la parte Sur. 

            Y la mayestática procesión entre una intensa luminaria de cirios y velas, bengalas de fuego morado que eran encendidas al paso de la Virgen desde las casas, y, Miguel Morenito echando cohetes y encendiendo ruedas tronadoras delante la celestial Patrona, en medio de dos filas  interminables de gentes silenciosas de todas las clases sociales; titinean las tulipas de cristal y se estremecen las campanillas del trono.

            Esa es  a grandes rasgos la procesión ¿quién puede describir la intimidad  devota de cada alma, el motivo por el que reza, por el que ofrece exvotos, el motivo por el que descalzo algunas personas camina su lado... Y, ya a altas horas de la noche, al conjuro de la marcha real, La Virgen de los Remedios, la Virgen que un día sería peregrina por tierras lejanas de allende el océano, hacía su entrada en el templo parroquial. Ya sólo queda la nostalgia, y la espera a otro año, y a otro, y a otro desde siglos pretéritos...             

            LA FERIA.-  

            Como era costumbre generalizada, a la festividad religiosa se les unían celebraciones agroganaderas relacionadas con los ciclos agrícolas que se adicionaba a expansiones lúdicas  populares.

La feria de ganados de abril en Cártama data, según pragmática del Rey Felipe II, del año 1.590; esta feria fue, y es,  una de las primeras de toda la región andaluza, y siempre fue de las importantes por la cantidad de ganado que afluían a ella y el número de transacciones (“tratos” historiados de sabor localista) que se llevaba a cabo en su transcurso.

            El contorno ferial era indistintamente parcelas lúdicas o Real de la  feria, y, mercado de ganados; éste entonces situado  en  el barrio que aún se sigue llamando, “El Mercado”. Era el mercado, el reino de la campechanía, al tiempo que de la charlatanería pero;  cada trato, era un protocolo notarial fedatado por el “correó”, firmado a perpetuidad con un apretón de mano sellado con la mano del “correor” impuesta sobre las del comprador y la del vendedor, que sentenciaba: “El trato está hecho, suyo es el mulo y de usted el dinero ...” Y aquella ceremonia, para ser de por vida,  no necesitaba firma, ni sello, ni visado y..., ¡anatema social quien se echara atrás en un trato llevado a cabo en feria real.

            Terminado el “trato”, era ritualmente “bendecío” con un  buen calibre de pirriaque seco de Ojen en el sombrajo-cantina, de cañaveras del Guadalhorce, mientras un lugareño  al cante, entonaba con buen paladar el célebre fandango de Cártama, que ya no se oye cantar:

                                             

            O aquel otro fandango que compartían Alhaurinejo y Cártama:

                                              “Viva don Antonio Vargas,
                                              alcalde republicano,
                                              lo digo con ilusión,
                                              no he visto alcalde más bueno,
                                              ni con más buen corazón”

            Arribaban al  “mercado” una barahúnda de personajes del mas diverso pelaje y catadura: tratantes, “correores” (payos y gitanos entremezclados: “pólvora seca”), marchantes,  arreadores de piaras, gitanos “esquilaores” y...vendedores, vendedores ambulantes a porrillo: de jáquimas, albardones y aparejos, de variadas varas de adelfas, de tarajes, de sierpes de olivo, bastones de toda medida, algunos de adelfas peladas y pintadas de vistosos colores para niños y mocitos cursis; todos voceaban, todos pregonaban sus mercancías, y, de entre todos, sobresalía el pregón del chaval que en un pirulo vendía el agua que llenaba en el cercano pocillo de “Gasparillo” (el trompetilla y pregonero del alcalde): “¡¡Agua fresca y sabrosa, a gorda la pechá...!!”

            Y la carrera de un mulo cogido de la jáquima por un gitano mientras otro restallaba tras él el látigo para espabilarlo a los ojos del presunto “compraor”, y, un mugir de toros, y un berreo de vacas, un balar de cabras y ovejas, y el rebuzno encendido de un garañón empalmado al olor de la florida burra, al que la gitanilla dieciochena mira de reojos mientras la madre, que ha pasado ya por todas,  le sugiere: “hija, tráeme la olla que voy a echar los garbanzos...” “Voy má...” Gente toda digna de la pluma de un José Carlos de Luna:

                                            “Te ví a mercar en la feria
                                              un pañolito de taye,
                                              pa que cuando te lo tersies
                                              jagan palmas en la caye
                                             Sabe a Canela
                                             el suspirito /
                                             de una mosuela”.

                                                          ***
                                            ...Le lució ser peujalero;
                                            rejuntó cien peluconas
                                            y mercó unas treinta yeguas
                                            que él las yerbea y agosta,
                                            las marcea y las alambra,
                                            las manosea y las doma.

                                            Cuando a pan huelen las mieses
                                            y en las eras se amontonan,
                                            Frasco ajusta el pataleo
                                            y trilla con sus seis cobras
                                            --bordoneando cencerros
                                            las falsetas dormilonas
                                            de un lento cante cansino
                                            ansioso de brisa y sombra--...

                                            Ya se remató la trilla.
                                            ya no pican las alondras
                                            el rubio grano en reguero
                                            de gavillas reventonas...

                                            En relejes de barcina
                                            aletean silenciosas
                                            las zumayas agoreras,
                                            pardas de polvo y de sombra...

                                           Los grillos campanilleros
                                           a humilde rebato tocan...”

                                                          ***
                                          ¡Ay campos de mi niñez,
                                            quien os pudiera sentir
                                            bajo mis pies como alfombra!..
                                                              **

             Y  Fernando Villalón:

                                                                             “El  pájaro Kuki
                                                                             de todo se entera
                                                                              y ocultarle algo
                                                                              no vale la pena.

                                                   Anoche Maruja
                                                  con un pollo pera
                                                  flirteaba un poco
                                                  después de la cena.

                                                  Los dos se miraban
                                                  (sus ojos se besan)
                                                 --¿En qué piensas, chica?
                                                 --En lo que tú piensas...

                                                                            Y el pájaro Kuki
                                                                            que estaba a su vera
                                                                            contesta: --¡ Cochina!...”


          Y... ¡García Lorca, y Alberti, y Pemán (¡oh su “Feria de abril en Jerez”!)... Y el organillo callejero con música de compota y melancolía (“Camino verde”, "Morena Clara", la lánguida "Caravana" y  muestras líricas de Estrellita Castro, Niña de Antequera ("Mi perro"), "suspiro de España", etc. etc. que invitaba a las parejas enfiestadas a bailar trincados a las cinturas. Coherencia vital de unas fiestas populares que aún conservaban su ancestral sentido y calor humano
***
            Eran de llamar la atención los esquiladores, de los que se cuenta y no se acaba; bajo un árbol bordaban sobre el lomo de cualquier rocín a golpe de tijeras signos fálicos, flores, trenzas.  Otro estaba especializado en pelar y adornar el cuerpecillo menudo de los perritos “lulú” y “pequineces” que le llevaban empingorotadas  y pretenciosas damas.

             Garantizando el orden, una pareja de la Benemérita a caballo, era la representación de todas las virtudes cardinales.

            Y una pléyade de compradores de mayor y menor cuantía; éstos acompañados de sus mujeres, tesoreras estrictas de sus ahorros, es decir, las que  tenían la última palabra en qué y como se gastaba una perra gorda.

            Todo, y más, en un ambiente de sabor a pueblo. Los niños, acorde con la época y los medios lúdicos de aquella cultura enraizada en tradiciones seculares, gozaban de cosas tan sencillas como unas meras norias de canjilones animadas por los platillos y el bombo de Joaquín el de las Norias: “Chinchipún, chinchipún, chinchipún”...y tras una decena de volteretas:--“¿quereis más?” Y la chiquillería que gritaba “¡Siiiiiii!”, y, Joaquín, con su bombo: “chinchipún, chinchipún...” Y, el tren eléctrico en la era de Ramolichi que al pasar por el tunel, el “demonio” daba con una escoba a los chavales (en este túnel, Juan Díaz “Pitana” al intentar quitar la escoba al diablo, cayó y las ruedas del tren sobre los rieles le cortó varios dedos de una mano); y el consabido organillo de manubrio ya mentado que daba pátina lírica a la fiesta del pueblo cuando el pueblo tenía emociones y sabor de pueblo.; y el baile en el patio de la Hermandad de Labradores amenizado por una orquesta que deparaba piezas musicales bailables mientras llevábamos en nuestros brazos a la chavala de los sueños.

            Y la buena música de la banda de Alozáina, la mejor entonces y más antigua de la provincia, que durante los tres días feriales, incluido el de la Patrona, inundaban los cielos de Cártama. En las casa de familias más pudiente el Ayuntamiento asignaba uno, o dos, músicos al que debía dar comida y cama, o sea, alojamiento. De este hecho se fraguaron auténticas y perdurables  amistades.


            Y las sucesivas sesiones de cine o teatro en el paradigmático Teatro-Cine, José González Marín, que siempre en feria esmeraba su repertorio de actuaciones o proyecciones fílmicas.


            En definitiva, una avalancha de colores hacían de aquellas ferias  exposición pictórica: banderolas, cadenetas de papeles variopintos colgados a lo largo de la calle de en medio; carreras de cintas a caballos enjaezados intentaba a galope prender la cinta bordada por la hembra preferida para que ésta se la amarrara al brazo o, más cerquita aún de su cara, se la anudara al cuello; y cucañas, y repique de campanas a la hora de la novena a la Virgen de los Remedios en cuyo honor se celebraba toda esta parafernalia festiva, y los cochecitos topes, y las casetas de tiros, y el puesto de golosinas, y, tantos y tantos motivos feriales que aglutinaban en un solo latir emotivo a un pueblo. Tantas cosas que el tiempo  se llevó.

martes, 4 de junio de 2019

UN BUEN ALCALDE ES POSIBLE, PERO ES COMO UNA AGUJA EN PAJAR

.                Se viene demostrando en  Estepona  que un buen alcalde es posible, aunque en las actuales condiciones sociopolíticas de España sea como buscar una  aguja en  un pajar. Nos recuerda el  alcalde de Estepona, don José María García Urbano (notario, registrador y abogado del Estado) aquellos designados  por el gobernador entre las personas más valiosas y capacitadas  de los pueblos y capitales, y no elegido por la masa aborregada  en listas cerradas a imagen y conveniencia del  cabeza de lista  y,  a éste, el cabecilla del partido.

                El de Estepona, del PP,  es el alcalde más votado ahora, y casi siempre anda por las mismas lindes,  de España: Nada menos  que el 71% de los votantes le dieron  su apoyo. Y como el pueblo ha sabido votar, el responsable alcalde le  ha devuelto el ademan transformando de verdad (no de boquilla electorera)  al pueblo en todas sus estructuras, lo que no ha sido óbice, impedimento ni valladar  de propias faldriqueras, para sanear las arcas en donde le dejaron quienes le precedieron un pozancón de 600 millones de “eurazos”, que diría el tío de “pasapalabra”;  cumple todas las promesas electorales que hace, porque  el señor García Urbano, demuestra cada dos por tres, y la cuarta también,  que sí es él un político, y persona, seria (una aguja en el pajar de la política granzona de hogaño) que sabe que no atender las llamadas de alguien es de tener pero que ¡muy poca!. Aquí, en Cártama, sí te cogen el teléfono nuestro alcalde, la concejala Isis, el concejal de urbanismo (Juanfra), el Diputado Espinosa, etc.,   todos del PSOE, al que en mis  escritos como cronista libre de este lugar,  no es precisamente coba de  lameculo  lo que les endiño, pero saben encajar con estilo las críticas; al menos conmigo, y así lo digo y agradezco sin empacho. ¿Los y las de los otros partidos?  ¡¡¡Lagarto, lagarto…!!!  Se ha visto ahora que no es  buen negocio político asumir el papel de oposición y actuar de culo al pueblo como si este no existiera, incumpliendo todas las promesas que hicieron cuando se postularon para el carguillo ha cuatro años.

                Y, dicho sea de paso, el alcalde de Estepona, rara avis, no cobra sueldo por servir al pueblo desde un cargo público  de máxima responsabilidad; como en los viejos tiempos.

                Conclusión: Don José María  García Urbano  debería ser el presidente del gobierno y, el falsario y  descocado falsificador de títulos académicos, autor de miles de chafarrinadas, que tenemos  por presidente  de Gobierno, contemporizador con golpistas, terroristas, etc, estaría mejor en un rastrojo guardando una piarilla de gorrinos.  Y, aún así, sería él el que volcaría la pileta.
Admítanme, pidiendo perdón desde ya, que le eche un poco de coña a esta crónica; demasiada
sobresaltos y linchamiento moral nos están dando a la gente de a pie nuestros caros políticos.


sábado, 1 de junio de 2019

POLÍTICA Y CULTURA


              
                En  España  elegimos a nuestros  políticos  mediante listas cerradas: para elegir a uno  “aprovechable”, hay  que  votar, por cojones,  a  la lista  entera,  seleccionada  ”a su conveniencia” por el cabeza de lista y, éste,  a conveniencia del  partido al que no interesa tener en sus filas ni en el pueblo  a nadie que le haga sombra, o sea, que tenga más luces que él. Es una chafarrinada  de tomo y lomo mantenida en  pie  por gente de caletre deleznable  y,   con la poca vergüenza de presentárnoslo como  democracia.  Así como suena y, el pueblo, vamos a votar tan panchos y “democráticamente”.

  Y,   así,  hemos rejuntado y damos de comer a unos 500.000 macanditos (as)  en un país con no más de 47.000.000 de vecinos desculturizados, ileidos, iletrados y parcos en luces (salvo excepciones),   más del doble, ¡¡coño!!, de políticos que cualquier país de Europa  con el doble de habitantes. ¿Es mentira?

En virtud de lo dicho vemos como gentes de medio pelo, que en la vida civil no han hecho otra cosa que echar barzones  y  no ser capaces salvo, si acaso y si fueran tiempos de ello, guardar una piarilla de gorrinos.  Esto se lo acabo de oír  a un hombre  de campo ya mayor, de los de antes de la guerra, que como comprenderán, me  ha dado el artículo hecho, por supuesto,  que tendrá una segunda parte o, una segunda y hasta una tercera porque, el tema, da para una “carretá”  repleta hasta  portera.

Ya sabemos que en política hay que elegir entre dos males, pero la   dolama política de España actualmente es muy grave  y, rectificamos o, esto, revienta. Un ejemplo por cientos: En su afán de protagonismo y mando espurio, Pedro Sánchez está a punto de  premiar a representante  emblemática  etarra con 800 muertos a sus espaldas de los que no dice nada la  ley de Memoria Histórica  falsa  que promulgó el nefasto Zapatero,  entregándole a los vascos  la provincia de Navarra a cambio de




que, el P.N.V le vote la investidura. Esto tiene mucho arroz que menear…