lunes, 19 de junio de 2023

 

EL JUGLAR OLVIDADO

Una fundación trata de recuperar la figura de José González Marín, ilustre cartameño que llevó la poesía al pueblo recitando por todo el mundo

J. J. BUIZA| CÁRTAMADomingo, 8 febrero 2009, 03:07

Supo escenificar la poesía como nadie./Supo escenificar la poesía como nadie. 

José González Marín (Cártama, 1889-Cártama, 1956) actuó como intérprete y rapsoda en teatros de medio mundo; se codeó con estrellas de los escenarios; fue visitado por miembros de la realeza y presidentes de repúblicas; levantó la admiración de escritores y políticos; fue amigo de insignes poetas como Lorca, Alberti o Salvador Rueda; al menos cinco ayuntamientos de España le nombraron hijo adoptivo; varios periódicos de Sudamérica le dedicaron sus portadas; fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel La Católica; y salvó de la quema a la patrona de su pueblo, la Virgen de los Remedios 

Excepto por esta última hazaña (que ha pasado a la historia del anecdotario local), todavía muchos cartameños y la mayoría de los malagueños desconocen la figura de un artista que fue un maestro del verso recitado. Gracias a sus actuaciones, las gentes sencillas, entre ellas muchos analfabetos, conocieron de primera mano el talento de los grandes poetas españoles, desde Fray Luis de León hasta los autores de la Generación del 27 pasando por grandes del Siglo de Oro como Calderón de la Barca o Lope de Vega.

«Él fue quien dio a conocer y llevó la poesía a su auténtico dueño: el pueblo», sostiene Francisco Baquero, que se ha pasado años rodeado de papeles y viejos recortes para investigar el pasado de su ilustre vecino, a quien llegó a conocer de niño. Él es uno de los artífices de la recién creada Fundación González Marín, que pretende sacar del olvido al personaje editando escritos, organizando conferencias o recuperando el certamen de rapsodas que llevaba su nombre y que se perdió hace un par de años.

No en vano, pese al libro que escribieron hace diez años el propio Baquero, Pedro Dueñas y José Luis Jiménez (con prólogo de Manuel Alcántara), el nombre de González Marín apenas se recuerda en Cártama con una calle y un viejo teatro en remodelación al que el Ayuntamiento propuso llamarlo Reina Sofía.

Anécdotas varias

Francisco Baquero también lamenta que en los últimos años algunos hayan tratado de politizar la figura de González Marín haciendo uso de sus vínculos con la Falange y su amistad con el mismísimo Primo de Rivera. Por eso, relata un puñado de anécdotas que reniegan de su supuesto pasado fascista. Como cuando, en plena posguerra, seguía recitando los versos de su amigo Lorca «cuando nadie tenía cojones», dice Baquero. O como cuando, recién llegado de una de sus giras por América, intercedió en un cuartel militar para salvar de la prisión a una treintena de presos republicanos, paisanos de su Cártama natal.

Por aquel entonces no hacía mucho que acababa de regresar de un periplo de año y medio por tierras americanas, donde desembarcó en el 36 con la Virgen de los Remedios a cuestas. Preocupado por la destrucción de imágenes religiosas en España, González Marín y otros habían urdido un plan para reemplazar el original de la patrona de Cártama por otra de escayola. La copia sería efectivamente destrozada, pero él ya había atravesado el Atlántico con la verdadera. Poco antes de embarcar, otro gran amigo, el escritor José María Pemán, le había preguntado qué era aquel bulto del que no se separaba. Y él se lo había confesado.

A finales del año 37 volvió a su pueblo y le devolvió su Virgen, que hoy tantos veneran en la ermita del mismo nombre y que también González Marín  restauró de su particular peculio la por los socialistas, comunistas y sindicalistas  destrozada Ermita. Obviamente, de no haber sido por el egregio y bicondecorado genio de las letras y las candilejas, Cartama, su pueblo hoy no tendría su famosa y milagrosa Patrona ni tradición, como dejaron perder y jamás recuperaron los pasos de Semana Santa. Parece mentira que sean alcalde y concejales anuentes    los que con  calumnias, según Baquero,  enturbien la memoria del mas famoso de sus hijos que le dio prez y prestigio a su ingrato pueblo.